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2022 SPRING

Viaje al reino de la contemplación

 

© Gian

LA ENTRADA ES estrecha y el pasillo es largo. Una luz constante se filtra desde la oscuridad, con una intensidad inquebrantable. El tiempo se ralentiza. Desde la pared izquierda se filtra una luz brumosa. Algo vasto y firme yace en decúbito supino, una gran piedra o bloque de hielo. Gradualmente pierde la forma y se convierte en agua que se evapora lentamente. La niebla se transforma en otro mundo, pero brevemente, y reaparece una piedra. En nuestro camino más allá del videoarte de Jean-Julien Pous, somos bautizados por su visión del “Ciclo” del universo.

Finalmente, la “Sala de la Contemplación Serena” llega ante nosotros y despierta los cinco sentidos. Cada poro de nuestro cuerpo se abre y expande nuestro espacio interior hasta el infinito. A medida que la conciencia y la calma se vuelven uno, el suelo asciende, poco a poco, imperceptible, y conduce a donde la luz y la oscuridad se cruzan en torno a dos seres místicos.

Esta sala, inaugurada en noviembre de 2021, es una colaboración entre el arquitecto Choi Wook y un equipo de expertos en “historia de marca”, encargo del Museo Nacional de Corea. Muchos asocian el Louvre de París con la Mona Lisa y, del mismo modo, los visitantes del Museo Nacional de Corea seguramente pensarán primero en la Sala de Contemplación silenciosa y sus estatuas bodhisattva, pues rara vez se han exhibido juntas.

Un milenio completo separa a la Mona Lisa de estas dos esculturas. Leonardo da Vinci pintó ese retrato de 77 x 53 cm a principios del siglo XVI. Las esculturas, de menos de un metro de altura, fueron realizadas a finales del siglo VI y principios del VII, como apogeo del arte budista del período Silla, y son catalogadas como Tesoros Nacionales No. 78 y No. 83 de Corea.

Estas obras maestras comparten dos similitudes distintivas. A diferencia de otras imágenes budistas sentadas, de pie o reclinadas, flotan en algún lugar entre sentadas y de pie sobre una pequeña silla redonda, con el pie derecho sobre la rodilla izquierda. Levantan sus manos derechas, y sus dedos índice y medio rozan sus barbillas, en profunda reflexión.

¿Qué pensarían los Maitreya Bodhisattvas? Solo podemos especular, igual que con “El Pensador”, la icónica escultura de Auguste Rodin que data de unos 1.300 años después.

Los budistas creen que estas figuras contemplan las cuatro fases de la vida: nacimiento, enfermedad, vejez y muerte. Sin embargo, al verlas en un museo de arte mucho tiempo después, hasta las imágenes budistas pueden librarse de las connotaciones religiosas. La verdadera contemplación exige entrega y encuentro a la vez. Quizá las sutiles sonrisas de estos dos pensativos bodhisatt-

vas sean un guiño a la débil vibración que habita entre esa entrega y descubrimiento, una interiorización espaciotemporal amplia y profunda a la vez.



Kim Hwa-youngCrítico literario; Miembro de la Academia Nacional de las Artes

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