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Culture

Un paseo por Seochon

On the Road 2021 SUMMER 65

Un paseo por Seochon Un paseo por Seochon En Seochon, uno de los barrios más antiguos de Seúl, un laberinto de casas centenarias y un rico patrimonio artístico ofrecen un encantador oasis urbano de calma y reflexión. Mirando entre los antiguos caminos de Seochon, puede verse el Palacio Gyeongbok, residencia real oficial de la Dinastía Joseon (1392-1910), y Cheong Wa Dae, la oficina presidencial, al pie del monte Bugak. Esta proximidad llevó a Seochon a convertirse en enclave de funcionarios y eruditos, quienes durante siglos caminaban hasta palacio. De hecho, Seochon significa “pueblo del oeste”, en referencia a su orientación desde palacio. Abraza el pie del monte Inwang, barrera defensiva cuando Seúl era una ciudad amurallada. Con la pandemia, a aquellos que han aprendido a disfrutar de solitarias caminatas les encanta lle¬gar a la cima del monte Inwang y perderse en la panorámica de Seúl. Seochon es ahora uno de los mayores atractivos de Seúl, junto con el pueblo hanok Bukchon, que significa “pueblo del norte”. Ambos lugares están llenos de encan¬tadores callejones envueltos en casas de estilo tradicional, muchas con cientos de años, algunas reconvertidas en ele¬gantes cafés, boutiques y posadas. En un hanok rehabilita¬do está la Librería Daeo, la librería más antigua de Seúl, a pocos minutos de la estación de metro del Palacio Gyeong¬bok. Y mejor aún: el ambiente de Seochon y Bukchon gira en torno al arte y la cultura. Los estrechos callejones de Seochon tienen el aire cáli¬do y la tranquilidad del Golden Lane en Praga o la atmós¬fera de los callejones secundarios de Montmartre en París. Además de hanok rehabilitados, hay galerías con paisajes en tinta lavada de la era Joseon que adornan los lienzos de artistas del SXXI. Un sitio popular es el mercado de Ton¬gin, con decenas de vendedores y restaurantes que atraen al público con todo tipo de comidas deliciosas. El mercado es famoso por su programa de loncheras: un set de monedas permite comprar gran variedad de guarni¬ciones caseras a bajo costo. La cima del monte Inwang ofrece una panorámica de Seochon y del Seúl antiguo. Seochon alude al área desde el pie oriental de la montaña hasta los muros occidentales del Palacio Gyeongbok, donde residían funcionarios de bajo rango durante la Dinastía Joseon. Hoy es visita obligada que ofrece una mezcla de arte, cultura, gastronomía, historia, nostalgia y paisajes naturales. El valle de Suseong en Ogin-dong, es un pintoresco refugio famoso por la sombra de sus árboles y el sonido del agua fresca, y lugar favorito de artistas desde el pasado. La muralla de la ciudad de Seúl se creó en el siglo XIV justo después de la fundación de la dinastía Joseon. La barrera defensiva tiene entre 5 y 8 metros de altura y 18,6 kilómetros de largo. La sección occidental presenta el monte Inwang, con Seochon acurrucado debajo. Célebres residentes El museo homónimo del artista Pak No-soo abrió en 2013. Pak vivió en esta casa durante unos 40 años y donó unas 1.000 obras de arte para su conservación y exhibición. En 1941, Yun Dong-ju, estudiante de Yonhee College (precursor de la Univ. de Yonsei), vivió en casa del novelista Kim Song (1909-1988) y escribió algunos de sus principales poemas, como “Una noche para contar estrellas”. Una placa indica dónde estaba la casa. Kim Mi-gyeong lleva sus plumas de tinta a tejados y lugares elevados para dibujar escenas callejeras de Seochon. Tras 20 años como periodista, se fue a Nueva York en 2005 y regresó en 2012 para establecerse en Seochon, donde la conocen como la “artista de la azotea”. En Seochon nacieron y se criaron muchos príncipes, inclui¬do el príncipe Chungnyeong, tercer hijo del rey Taejong, quien más tarde se convertiría en el rey Sejong (r. 1418- 1450), el más famoso monarca de Joseon. Implantó la escri¬tura coreana y dejó gran cantidad de aportes científicos. El tercer hijo del rey Sejong, el príncipe Anpyeong (1418-1453), vivía en el valle de Suseong en Ogin-dong, parte alta de este vecindario y escenario de “Viaje de ensue¬ño a la tierra de los melocotones”, pintado por An Gyeon en 1447. Este famoso cuadro, inspirado en un sueño del prínci¬pe, representa la utopía taoísta. Otro residente real de Seochon fue el segundo hermano mayor del rey Sejong, el príncipe Hyoryeong (1396-1486), hombre de gran erudición y carácter virtuoso. Escapó del poder político cuando su hermano menor ascendió al trono y fue reverenciado por sus esfuerzos por revivir el budismo. En el mismo barrio, Jeong Seon (1676-1759) pintó “Monte Inwang tras la lluvia” (1751), obra maestra del apogeo cultural de Joseon y época de paisajes realistas, de la llamada “visión verdadera”. Esta famosa obra de arte, designada como Tesoro Nacional de Corea Nº216, integró hasta hace poco la colección privada de Lee Kun-hee, el difunto presidente del Grupo Samsung, pero tras su muerte el año anterior, fue donada al estado. A mitad del periodo Joseon, Seochon comenzó a poblarse de jungin, literalmente “gente media”, una clase de funcionarios y técnicos comunes, entre la nobleza y los plebeyos. Trabajadores técnicos, desde intérpretes y médi¬cos hasta eunucos que servían en palacio, se asentaron en la zona, actuales Ogin-dong, Hyoja-dong y Sajik-dong. Buk¬chon era un barrio de literatos y sus casas antiguas son rela¬tivamente grandes y majestuosas. En cambio, las casas tradi¬cionales de Seochon son pequeñas y modestas, lo que expli¬ca su extensión con callejones en forma de red. Con la desaparición de Joseon en 1910 y la posterior ocupación japonesa, jóvenes artistas comenzaron a llegar a Seochon. Entre sus vecinos había destacados poetas como Yi Sang (1910-1937), Yun Dong-ju (1917-1945) y Noh Cheon-myeong (1911-1957), el novelista Yeom Sang-seop (1897- 1963), o pintores como Gu Bon-ung (1906-1953), Lee Jung-seop (1916-1956) y Chun Kyung-ja (1924-2015). Irónica¬mente, también albergaba lujosas propiedades de estilo occi¬dental de infames figuras projaponesas, como Lee Wan-yong (1858-1926) y Yun Deok-yeong (1873-1940). El paso del arte y la cultura a través del tiempo, tal como se disfruta y se comprende en el presente, puede comparar¬se con un polluelo que sale de la oscuridad de su cascarón y nace al mundo. Como el pajarito despedaza el duro capa¬razón que lo rodea para poder vivir, los artistas de la Corea moderna se sumergieron en la actividad creativa para esca¬par de la pobreza y la desesperación de la época. La exposición “Record of the Streets”, organizada por la Fundación Coreana de Seguridad, Salud y Medio Ambiente, se llevó a cabo del 30 de abril al 16 de mayo de 2021 en Boan 1942, un lugar cultural de usos múltiples. Unas 80 fotografías muestran cómo la pandemia de COVID ha cambiado la sociedad. Seguir la fragancia Primero fui a Poet’s Hill en Cheongun-dong, para ver la Biblioteca de Literatura de Cheongun y la Casa de Lite¬ratura de Yun Dong-ju. Desde la colina divisé el antiguo centro de Seúl y, en la distancia, más allá de la Torre Nam¬san y el río Han, los 123 pisos de la Torre Lotte World. La Biblioteca de Literatura Cheongun la conforman varios hanok restaurados con mucho cariño, pero la Casa de Lite¬ratura Yun Dong-ju es una estructura de hormigón con puerta de hierro, algo así como una prisión. Sin embargo, su encantador café al aire libre con jardín integró la lista de 2013 de “Mejores arquitecturas contemporáneas de Corea”, del diario Dong-A Ilbo y la revista arquitectónica Space. En la sala de video, la vida de Yun Dong-ju se proyec¬ta en la pared de concreto: el tiempo que pasó componien¬do poemas en una pensión en Seochon; su encarcelamiento en Fukuoka, Japón, por actividades anti japonesas de estu¬diantes coreanos; y su eventual muerte allí por causas mis-teriosas en febrero de 1945, meses antes de la liberación nacional de Corea. Una entrada de su diario reza así: “Me escondo en una habitación pequeña y oscura. Solo puedo escribir poemas. Avergonzado por no poder tomar las armas y luchar, me avergüenza aún más cuando esos poe-mas me llegan con tanta facilidad”. El mercado de Tongin fue establecido en 1941 como mercado público para los residentes japoneses de la zona. Adquirió su forma actual después de la Guerra de Corea, cuando la población de Seochon aumentó rápidamente. Boan Inn, creada en la década de 1940, fue residencia de muchos artistas y escritores. Posada hasta 2004, recientemente se convirtió en Boan 1942, y alberga exposiciones, representaciones y otros eventos. Casa de literatura Yun Dong-ju Casa de Yi Sang Parque Sajik Palacio Gyeongbok Dentro del laberinto Mi viaje acaba pasando por Boan Inn en Tongui-dong, donde el pintor Lee Jung-seop, el poeta Seo Jeong-ju (1915- 2000) y otros escritores y artistas quedaban a menudo. El edificio original se ha conservado y transformado en un lugar de exposición y cultura llamado Boan 1942. Fue aquí donde Seo y otros poetas crearon “Poets Village” (Siin Burak), la revista de la cuadrilla, en 1936. Por todo el edifi¬cio hay huellas del pasado. Di la bienvenida a las crujientes escaleras de madera y celebré que las salas de exposición, estrechas y abarrotadas, conservaran su antiguo encanto. Choi Seong-u, a cargo de Boan 1942, soñaba con ser artista y se fue a Francia, pero terminó estudiando admi¬nistración de arte, y al volver convirtió el antiguo Boan Inn en un centro cultural polivalente. Amplió el espacio con un edificio anexo, que no solo muestra obras experimentales de jóvenes artistas coreanos, sino que busca activamente proyectos internacionales. A futuro planea invitar artistas extranjeros a sumarse a exposiciones especiales. De las cua¬tro plantas de la antigua posada, las habitaciones y talleres para artistas residentes ocupan el tercer y cuarto piso. Los residentes de Seochon han variado durante siglos, pero su hilo conductor siempre ha sido el arte y la cultura, hoy testigo palpable en sus serpenteantes callejones. El mayor placer de recorrer esos callejones es abrir los ojos a nuevos caminos desconocidos, mientras nos perde¬mos aquí y allá. A veces, de pronto topamos con un callejón sin salida, pero al dar la vuelta y volver atrás, recuerda a las huellas de tu propia vida. Kwon Oh-nam ha llevado la librería Daeo desde que la abrió con su difunto esposo en 1951, destinando parte de su casa tradicional a la librería, ahora es la librería de segunda mano más antigua de Seúl, que también es café literario.©Newsbank Chebu-dong, famoso entre los foodies, atrae a gente de cualquier edad en busca comida sabrosa, día y noche. Los pequeños restaurantes conforman una pared en el laberinto de callejones. Lee San-ha Poeta Ahn Ahn Hong-beom Fotógrafo

Senderos de montaña rejuvenecidos

Image of Korea 2021 SUMMER 65

Senderos de montaña rejuvenecidos Senderos de montaña rejuvenecidos © Yang Su-yeol A veces, me despierto en medio de la noche y me recues¬to en la oscuridad. Imagino que subo una montaña. Las casas retroceden y nace un bosque cuando el sendero asciende. Bajo un dosel de hojas y ramas, mi respiración comien¬za a fatigarse. Pie izquierdo, pie derecho. La luz y la sombra parpadean a cada paso. Los latidos de mi corazón se aceleran y gotas de sudor bañan mi frente y mi espalda. En la cima aguarda una gran roca. Imagino todo: una brisa fresca de montaña, más allá del sabor de la libertad, y una vista panorámica ante mí. Con más de 4.000 montañas(san), escalar siempre es fácil en Corea. En concreto en Seúl, una megaciudad con 10 millo¬nes de habitantes. Con Namsan al centro, Seúl está flanquea¬da por Ansan, Inwangsan, Gwanaksan, Buramsan, Dobongsan y Bukhansan, casi una pantalla plegable de montañas. Desde cualquier parte de la ciudad se puede acceder a la naturaleza en una hora, con o sin planificación. Las excursiones de un día no requieren equipo especial: ven tal y como estés. Los senderos de montaña son seguros, sin riesgo de crímenes o ataques de ani¬males salvajes, y los pequeños refugios a lo largo de los limpios senderos montañosos aumentan esa sensación de seguridad. Per¬miten relajarse y disfrutar del paisaje natural y la vista urbana. En marzo, el Parque Nacional Bukhansan recibió 670.000 visitantes, un 41% más que en el mismo mes del año anterior. Aunque los rostros en los senderos han cambiado. Durante mucho tiempo, las caminatas por la montaña fueron el pasatiem¬po favorito de los mayores de 40 años, pero ahora, las comunida¬des de senderismo en línea generan una cohorte más joven. Estos nuevos devotos, de entre 20 y 30 años, no limitan su sensibilidad a la moda ni sus hábitos a las redes sociales. En vez de la ropa voluminosa e intercambiable de sus padres y abuelos, prefieren elegantes legging y zapatillas para correr, y publican selfies de senderismo en Instagram. Algunos crean plataformas para com-partir intereses, forjar nuevas relaciones y hasta embarcarse en viajes temáticos como “Caminata limpia”, donde todos recogen basura. En concreto, desde que están atrapados por el COVID-19 y no pueden vivir aventuras en el extranjero, la generación millen¬nial recurre cada vez más a montañas y bosques como válvula de escape a los límites del distanciamiento social y al creciente can¬sancio pandémico. El “abrazo de los socialmente distanciados” ha rejuvenecido nuestros paisajes montañosos. Tumbado en la oscuridad, envidio a esos jóvenes excursionis¬tas de ropa informal, solos en la cima de su elección, saludando al ancho mundo ante ellos. Presento mis respetos a la montaña y a su nueva juventud, y vuelvo a mi propia escalada. Pie izquier¬do, pie derecho… Kim Hwa-young Crítico literario; Miembro de la Academia Nacional de las Artes

Puntadas celestiales con hilos den corazó

Guardian of Heritage 2021 SUMMER 90

Puntadas celestiales con hilos den corazó Puntadas celestiales con hilos den corazó La maestra de bordado Choi Yoo-hyeon ha trabajado incesantemente con hilo y aguja durante siete décadas. Es reconocida por llevar el bordado coreano a un nuevo nivel con sus técnicas creativas y sus interpretaciones a gran escala de pinturas budistas. “Buda Sakyamuni” (detalle) de “Budas de los tres mundos”. 257 × 128 cm. Hilo de seda sobre seda. La maestra bordadora Choi Yoo-hyeon comenzó a crear versiones de pinturas budistas a mediados de los ‘70. Representando a los budas del pasado, presente y futuro, “Budas de los tres mundos” es una obra maestra que tardó más de 10 años en completar. © Seo Heun-kang Cualquiera puede apreciar la belleza de una exquisita pieza de bordado, pero no todos podrían soportar el tedioso y agotador proceso de dar puntada tras puntada durante las interminables horas que requiere su producción. Esto destaca en el bordado tradicional, generalmente de ela-borado proceso y técnica diversa, y enfatiza el espíritu subyacente. “Si fuera arduo y tedioso para mí, ¿cómo podría haber dedicado mi vida al bordado? Bordo porque me encanta y lo disfruto, además de intentar evitar que la artesanía tradicional desaparezca por com¬pleto”, explica Choi al preguntarle si no es una tarea demasiado agotadora. Y prosigue: "Tengo más de 80 años. Cuando era joven, la costura era parte importante de las tareas del hogar. Las familias confeccionaban su propia ropa y preparaban manteles nupciales adornados con bordados a mano. Soy la menor de siete hermanos y aprendí bordado como algo natural, porque es lo que siempre hacía mi madre. Comenzó a interesarme más cuan¬do elogiaron una pieza que hice como tarea escolar. Hubo un tiempo en que bordaba más de 20 horas al día, sin siquiera comer ni lavarme”. Entrenamiento formal A los 17, Choi Yoo-hyeon tuvo la suerte de conocer a Kwon Su-san, entonces renom¬brada artista de bordado, y comenzó su entrenamiento formal. Cuando asumió el oficio como profesión, el bordado tradicio¬nal coreano se vio eclipsado por el de esti¬lo japonés, que formaba parte de la forma¬ción profesional de la mujer. Universidades femeninas y escuelas de costura enseñaban destrezas para la vida diaria. Las profesoras eran mayormente mujeres que habían estu¬diado en Japón, tendencia que continuó tras la liberación nacional en 1945. En la década de 1960, Choi abrió una escuela de bordado y comenzó a estudiar el bordado tradicional coreano para revivirlo y preservarlo. Sus esfuerzos consistían en aplicar diseños tradicionales a los artículos del hogar, como extremos de almohadas y cojines para el suelo. Con el tiempo, pasó a representar pinturas tradicionales en borda¬dos y a reinterpretar antiguas obras de arte con su propio estilo. “Un buen bordado necesita manos ági¬les y gran sentido del color, por supuesto, pero lo esencial es tener buen ojo para el diseño”, resalta Choi. “No puedes crear tu propio estilo solo imitando a otros. Por eso diseñé mis propias obras basadas en moti¬vos de cerámica tradicional, paisajes y pin¬turas populares”. En las décadas de 1960 y 1970, ante el desprecio generalizado por la cultura tra¬dicional coreana, los bordados de Choi y su nuevo enfoque del patrimonio cultural lograron captar cada vez más atención. Sus piezas eran especialmente populares entre los turistas extranjeros, pero Choi tenía poco interés en vender, pues antepuso el desarrollo artesanal a una rentabilidad eco¬nómica inmediata. Así, a mediados de los ‘70, comenzó a centrarse en la investigación y las exposi¬ciones, y en bordados basados en pinturas budistas, que veía como la culminación del arte tradicional coreano. Sus obras maes¬tras de temática budista, pináculo de siete décadas de carrera, incluyen ‘Ocho esce¬nas de la vida de Buda’, que representan las ocho fases de la vida de Sakyamuni, y ‘Budas de los tres mundos’, que retrata al Buda del pasado, presente y futuro. Estas pinturas bordadas, cada una de las cuales precisó más de 10 años para terminarse, se caracterizan por una exuberante combina¬ción de técnicas tradicionales y creativas, así como por variadas texturas, resultan¬tes de combinar diferentes hilos: algodón, lana, rayón y seda. “Puse mi corazón en cada punta¬da, como un monje entregado a la prácti¬ca espiritual”, destaca Choi. “Después de encontrarme por primera vez con la pintu¬ra original de las ‘Ocho escenas de la vida de Buda’, llamada Palsangdo, en el templo de Tongdo, oré y esperé durante 10 años la oportunidad de recrearla en un bordado. Finalmente obtuve el permiso del templo y comencé mi tarea, pero como cada escena mide más de dos metros de largo, me llevó 12 años bordar las ocho. Y eso que trabaja¬ba con mis alumnas, si no, habría tardado aún más”. “Lotus Repository World” (detalle). 270 × 300 cm. Por esta pintura bordada, basada en el mandala del templo de Yongmun en Yecheon, provincia de Gyeongsang del Norte, Choi recibió el Premio Presidencial en la Exposición Anual de Artesanía Tradicional de Corea en 1988. © Seo Heun-kang Retos y logros Su pasión y perseverancia fueron recom¬pensadas con un prestigioso premio: su versión bordada del ‘Lotus Repository World’, basada en el mandala del templo Yongmun, en Yecheon, ganó el Premio Presidencial de la 13ª Exposición Anual de Artesanía Tradicional de Corea, en 1988. En 1996, Choi fue designada como “tesoro cultural viviente” en el arte del bordado, o Bien Cultural Inmaterial Nacional Nº80, un reconocimiento oficial por haber logrado el mayor nivel de experiencia en su campo. La historia del bordado tradicional coreano se remonta al periodo de los Tres Reinos (57 a. C. - 676 d. C.). Se cree que la gente de los reinos de Goguryeo y su precursor, Buyeo, usaron ropas bordadas de colores, como se describe en el ‘Libro de Wei’, el manuscrito más antiguo halla¬do que habla de la cultura coreana y de los ‘Registros de los Tres Reinos’ (Sanguozhi). Durante la dinastía Joseon (1392-1910), un taller de bordado instalado en palacio se encargaba de decorar ropa y complementos para la familia real. Los hogares comunes también tenían sus propios legados familia¬res en el oficio. Choi defiende el concepto simseon sin¬chim, que significa “hilos del corazón con puntadas del cielo”, al comparar su trabajo de siempre con “puntadas celestiales borda¬das con el hilo de su corazón”, título de su exposición en el Centro de Artes de Seúl, en 2016. “Cada pieza es creada mediante un minucioso proceso”, explica. “Primero, selecciono una pintura original, valiosa his¬tórica y artísticamente, que se pueda repre¬sentar en bordado, y luego hago un boce¬to en la tela de fondo. Cuando empiezo a bordar, he de tomar una decisión tras otra considerando la imagen completa: el mejor color y textura para la tela y los hilos, la combinación de colores, las técnicas a uti¬lizar, etc. Mientras trabajo, personalmente retuerzo mis hilos para variar su grosor en base a la composición general y la ubica¬ción de la pieza en cuestión. Doy y quito puntadas una y otra vez hasta estar satisfe¬cha con las técnicas aplicadas y los tonos de color obtenidos”. Durante este riguroso proceso, Choi cuida cada detalle a la perfección. Desta¬ca la importancia de ser fieles a lo básico y seguir las formas tradicionales, para ayu¬dar a transmitir la artesanía a las próximas generaciones. A tal fin, se comprometió a enseñar como profesora de cátedra en el Instituto de Traje Tradicional Coreano de la Universidad Nacional de Pusan. “Mucha gente ve que el bordado tradi¬cional es bello y valioso, pero muy pocos se deciden a aprenderlo, y los que lo hacen, suelen renunciar a mitad de camino”, resal¬ta. “Necesitas una tenacidad incansable, incluso tras completar la formación adecua¬da, y pasar largos años de práctica, antes de ser reconocido como artista. Es un camino tan espinoso que la mayoría ni lo intenta”. “El gran nirvana en Sala Grove” de “Ocho escenas de la vida de Buda”. 236 × 152 cm. Basada en la pintura homónima del Templo Tongdo en Yangsan, provincia de Gyeongsang del Sur, se caracteriza por una expresión elaborada y realista. Representando las ocho fases de la vida de Sakyamui, y cada pintura contiene episodios de series de figuras en un solo lienzo. “Integridad” (detalle) del biombo de ocho paneles “Ideografías pictóricas de las virtudes confucianas”. 128 × 51 cm. Cuando Choi comenzó a estudiar el bordado tradicional en los ‘60, uno de sus principales intereses era reinterpretar pinturas populares, incluyendo ideogramas pictóricos. Preservar y transmitir Recuerda su vida en sus memorias ‘Historia del bordado de Choi Yoo-hyeon’, que saldrá publicado pronto. El libro narra su interés como artesana que pasa de objetos prácticos para el hogar a pinturas populares, y de ahí a las pinturas budistas. También está recopi¬lando material didáctico para sus alumnos y, además de su ya abultado portafolio de más de 100 obras, publicadas en varios libros, está escribiendo otro sobre técnicas origina¬les, con descripciones y explicaciones deta¬lladas una por una. Al mismo tiempo, está en el tramo final de bordar el ‘Bodhisattva Ava¬lokitesvara’, basado en el mural consagrado en el Salón de la Gran Luz (Daegwangjeon) del Templo Sinheung en Yangsan, provincia de Gyeongsang del Sur. Lleva tres años tra¬bajando en esta pieza, que cree será su últi¬mo proyecto a gran escala. Cosida en seda violeta con solo hilo dorado, invita a alcan¬zar las alturas de un exquisito esplendor. “No creo que pueda volver a crear una pieza tan grande como esta”, comenta Choi. “Ahora me cuesta trabajar incluso dos o tres horas al día, porque me canso fácilmente y mis ojos se nublan. Creo que es momento de dedicar mi energía a la enseñanza, y que mi misión sea transmitir todo lo posible”. Durante casi medio siglo, Choi ha guar¬dado todas sus obras, negándose a vender ninguna. Junto con cientos de bordados tra¬dicionales y modernos, su trabajo se con¬serva en el Centro Nacional del Patrimonio Inmaterial de Jeonju, provincia de Jeolla del Norte, con el apoyo de la Administración del Patrimonio Cultural. Espera ver un nuevo museo especializado en bordados en un futu¬ro próximo, que permita preservar y exhibir su colección de toda la vida el mayor tiempo posible. Para mejorar su arte, Choi utiliza una amplia gama de técnicas, tanto tradicionales como originales, así como hilos de diversos colores y materiales como seda, algodón, lana y rayón, para lograr una delicada textura. Durante los últimos tres años, Choi ha estado trabajando en “Bodhisattva Avalokitesvara”, basado en el mural del Salón de la Gran Luz del Templo Sinheung en Yangsan, provincia de Gyeongsang del Sur. Cosido en seda violeta con solo hilo dorado, irradia elegancia y esplendor. Choi Hye-jung Escritora independiente Ahn Hong-beom Fotógrafo

La universalidad del minari

Essential Ingredients 2021 SUMMER 66

La universalidad del minari La universalidad del minari Minari, o apio de agua, es un ingrediente cuyo aroma y textura crujiente son sus principales características. Tras la atención lograda a nivel internacional por la película autobiográfica del director coreano-estadounidense Lee Isaac Chung, “Minari”, ya no es solo un ingrediente de cocina, sino un símbolo de la resiliencia y la vitalidad del pueblo coreano. La mayoría de las hierbas silvestres contienen sustancias tóxicas, por eso saben amargas. El rechazo natu¬ral de los niños a ese amargor proviene de su instinto de protegerse del veneno de las plan¬tas. La alimentación humana ha avanzado en base a conocimientos que permiten distinguir las plantas comestibles de las que no lo son. A simple vista, el apio de agua o minari y la cicuta virosa parecen similares. Ambas tienen tallos huecos y hojas dentadas. Pero al examinarlas de cerca, las del apio de agua tienen forma de huevo cortado verticalmente, mientras que las de la cicuta virosa son largas y puntiagudas, como una lanza. Además, una es comestible y la otra no, aunque son de la misma familia. Como minari no contiene sustancias tóxi¬cas, se puede comer crudo o cocido. Es un ingrediente muy usado en la cocina corea¬na desde tiempos antiguos. En la década de 1920, se consumía con tanta frecuencia que los diarios solían informar de su precio en el mercado. Su popularidad se atribuye no solo a su especial aroma, más denso que otras hierbas, o a su fresco sabor, sino a la cru¬jiente textura al ser ligeramente blanqueado, igual que la espinaca de agua. Minari, un ingrediente de verano, refrescante y ligeramente picante, es rico en vitaminas, minerales y fibra. Según Dongui Bogam (Ejemplar de Medicina Oriental) de la dinastía Joseon del SXVII, apaga la sed, y es eficaz para tratar el dolor de cabeza y los vómitos. Las hojas de Minari tienen bordes afilados como dientes de sierra, como un huevo cortado verticalmente. Los húmedos y resistentes tallos de minari tienen una textura crujiente y refrescante. Hay dos tipos básicos: el minari de arroz, cultivado en agua y de tallo hueco, y el de campos secos, de tallo relativamente sólido. Crujiente textura En el libro de cocina “Siui Jeonseo” (Com¬pendio de Cocina Adecuada), escrito a fines del siglo XIX durante la Dinastía Joseon, se incluye la receta de un plato llamado mina¬ri ganghoe: (1) retirar las raíces y las hojas del apio de agua, (2) cortar los tallos y blan¬quearlos, (3) cortar en tiras finas láminas de huevo frito separando la yema y la clara, setas orejas de roca, ají rojo y falda de res cocida en agua, (4) atar todos los ingredien¬tes con un tallo de apio de agua y un piñón en mitad del rollo, (5) poner abundantes rollos en un plato y servirlos con una salsa de pasta de ají (gochujang) y vinagre. La clave de este plato es el minari crujiente, cuya fra¬gancia envuelve a los demás componentes. Pero, ¿por qué gusta tanto esa textura crujiente? El neuroantropólogo John S. Allen ofrece tres razones en su libro “La mente omnívora” (2012). Primero, los humanos son primates cuyos parientes se alimentan de insectos. Segundo, la preferencia por los ali¬mentos crujientes aumentó cuando comenza¬ron a cocinarse con fuego, dándoles una tex¬tura más crujiente. Y tercero, la textura cru¬jiente de las plantas implica que son frescas, pues la pared celular vegetal está llena de agua y al masticarla, se rompe como si esta¬llara. En cambio, tras largo tiempo almace¬nadas, las verduras pierden agua y se vuelven pulposas. El minari fresco, repleto de agua, mantie¬ne su textura crujiente al blanquearlo o freír¬lo, incluso en encurtidos o cuando se fermen¬ta como kimchi, porque los ácidos orgánicos de sabor agrio refuerzan las paredes celula¬res. Obviamente, la mejor forma de disfrutar el sabor crujiente del apio de agua es ir a una granja y comerlo crudo recién cogido. El apio de agua de la localidad surco¬reana de Hanjae, en el condado de Cheong¬do, provincia de Gyeongsang del Norte, se conoce con la marca de Hanjae minari y es famoso en todo el país. Hanjae es la zona que comprende las aldeas Chohyeon-ri, Eumji-ri, Pyeongyang-ri y Sang-ri, con suelo de rocas volcánicas, un excelente sistema natural de drenaje perfecto para el cultivo de apio de agua. El minari se divide entre el cultivado en arrozales y en campos secos. El primero crece en agua y tiene tallo hueco, mientras que el minari de campo tiene un tallo más compacto. Hanjae minari se cultiva median¬te técnicas que combinan ambos, logrando tallos más bien compactos, pero también cru¬jientes y más aromáticos. El minari cosecha¬do en primavera a menudo se come crudo con panceta de cerdo a la barbacoa, sustitu¬yendo a la lechuga, que es la verdura más usada por los coreanos para comer carne, con ajo picado en rodajas y pasta de soja (doen¬jang). Así, el refrescante aroma del apio de agua camufla la untuosidad de la carne y la grasa animal. También se puede cocinar lige¬ramente en la barbacoa junto con la carne. Agradable aroma El aroma de apio de agua proviene de una clase de sustancias volátiles llamadas ter¬penos. Exagerando un poco, un bocado de minari lleva imaginariamente al comensal a un denso bosque de pinos, abetos y cedros, mientras las sustancias terpénicas, como el pineno y el mirceno, explotan en la boca. También contiene sustancias aromáticas que recuerdan a los cítricos, la piel de lima, el jengi¬bre y la galanga. Agregar minari a los platos de pescado ayuda a reducir cualquier olor poco ape¬tecible, algo que la cocina coreana usa en recetas como maeuntang, o guiso picante de pescado. El olor del minari combina bien con la sabro¬sura de la pasta de soja. Tan común era agregar minari a la sopa de pasta de soja, que el 2 de abril de 1939 el diario Chosun Ilbo publicó una rece¬ta para conservar apio de agua en pasta de soja: “limpie el minari bajo el chorro de grifo. Remó¬jelo en agua caliente durante una hora. Luego, extienda la pasta de soja en un bol y coloque una fina capa de minari encima. Extienda otra capa de pasta de soja y minari encima, y tape el bol. Su sabor es maravilloso al dejarlo reposar. Se come dos días después. Cuanto mejor sea la pasta de soja, mejor será el sabor del plato”. Las fragancias son el arma de las plantas para defenderse de invasores externos, como bacte¬rias e insectos, y el apio de agua tiene un olor más fuerte cuando se cultiva en campo seco que en agua. La variedad que crece en las montañas o en la naturaleza se llama dol¬minari (el prefijo dol- significa salvaje o sil¬vestre). Su aroma es aún más fuerte que el cultivado en el campo, pues genera gran can¬tidad de sustancias fragantes para aumentar su resistencia y poder crecer en un ambiente estéril. El apio de agua también contiene varios tipos de antioxidantes. Actualmente, se están realizando estudios para explicar sus efec¬tos antiinflamatorios, antioxidantes y protec¬tores del hígado. Comúnmente, se cree que agregarlo a platos preparados con pez globo ayuda a eliminar cualquier sustancia tóxica residual, aunque sería más correcto decir que el minari se añade para mejorar el sabor, pues falta probar ese efecto científicamente. Minari ganghoe, o rollitos minari, con gran variedad de ingredientes como tiras de huevo frito, carne de res salteada y champiñones, atados con tallos minari blanqueados, se comen bañados en pasta de pimiento rojo con vinagre. Se servían en la mesa del rey o en banquetes de la corte en la dinastía Joseon. © Instituto de Cocina Real Coreana Minari combina bien con jugosa panceta de cerdo, ya sea fresco o asado con la carne. © Yu Eun-young Minari tiene una fragancia fuerte y en inglés se conoce como apio de agua, nabo del diablo o perejil asiático. Actualmente es muy popular para la pasta. © 2bob.co.kr El pesto hecho con minari picado no solo se usa para la pasta, sino que es delicioso untado sobre pan, como el pesto de albahaca o el pesto de espinacas. © Vivian Dakyung Lee Asombrosa vitalidad “Minari crece bien en cualquier lugar”, dice la abuela a su pequeño nieto en la película “Minari”, dirigida por Lee Isaac Chung. No es fácil para ninguna familia, y menos asiᬠtica, establecerse en un lugar desconocido como Arkansas, en medio de un país occi¬dental como es Estados Unidos. La vida de un migrante, donde se entrecruzan la ansie¬dad y la esperanza, está llena de preguntas inciertas sobre si podrá arraigar en un sitio nuevo, metáfora que el film concentra en el minari, al parecer una hierba tan resistente que puede crecer en cualquier lugar, aunque muchos ignoran que lucha constantemente contra las inclemencias y las amenazas del entorno. Para quien nunca lo haya probado, el apio de agua puede resultar extraño, pero acostumbrarse a su sabor no es difícil. La zanahoria y el apio, que se usan como ingre¬dientes básicos en recetas europeas como el mirepoix y el sofrito, son parientes del mina¬ri. Si le gusta la textura crujiente del apio, también le gustará el minari. Si comparamos la cultura culinaria por zonas, vemos más similitudes que diferen¬cias. Quizá por eso la historia de la familia de “Minari” tocó tantos corazones: por esa uni¬versalidad ante la que todo ser humano puede sentir empatía. Jeong Jae-hoonFarmacólogo, escritor gastronómico Shin Hye-woo Ilustradora

El silbato en las paradas del país

Image of Korea 2021 SPRING 172

El silbato en las paradas del país Literature IMAGEN DE COREA El silbato en las paradas del país Recientemente tropecé con la noticia de la apertura de una línea de tren de alta velocidad entre Seúl y Andong. Mi ciudad natal de Yeongju limita con el extremo norte de la histórica ciudad de Andong, por lo que ahora podré llegar allí en solo 1 hora y 40 minutos. En una fría mañana de invierno, hace unos 60 años, un niño de 13 años de una pobre aldea de montaña se subió a un tren en la estación de Yeongju. Era yo, en mi primer viaje en solitario. Ante mí pasaron muchas paradas de nombre desconocido y, cuando el tren llegó a Seúl, comenzó a oscurecer. Basta pensar… La misma distancia puede cubrirse ahora en unos 100 minutos. ¡Qué verdadero cambio, qué progreso! Aún así, la sorpresa y gratitud que inspira la conveniencia de un tren de alta velocidad, coexisten con un subyacente anhelo por el ritmo lento y los dulces paisajes de antaño. © Ahn Hong-beom El primer viaje en tren de aquel niño hizo que su corazón se acelerara con temor y asombro. El adulto que estaba sentado a su lado le preguntó a dónde iba y qué pensaba hacer allí. Con orgullo, respondí que iba a Seúl para mi examen de ingreso a la escuela secundaria. El vagón del tren iba repleto de pasajeros, tanto sentados como de pie en el pasillo. Cada vez que el tren se adentraba en un túnel, el vagón se oscurecía y pronto volvía a iluminarse. El humo negro y el hollín que eructaba el convoy se colaban por las ventanillas abiertas. El tren se detuvo en una pequeña estación rural. La señora mayor del asiento de enfrente, que generosamente había compartido sus huevos duros conmigo, babeaba mientras dormía, pero de pronto se despertó y recogió sus cosas. La estampa de esa señora al bajarse del tren junto con un joven estudiante con uniforme escolar, desapareciendo más allá de la parada al toque de silbato… Los parterres floreciendo con variedades fugaces como el cosmos, temblando con la brisa… Esas escenas forman parte inexorable de mi viaje en tren. Hoy día, los trenes KTX atraviesan a toda velocidad esas pequeñas paradas. Muchas estaciones rurales fueron abandonadas y demolidas, pues perdieron su razón de ser hace mucho tiempo. Algunas fueron reconvertidas en cafés, restaurantes o pequeños museos, ofreciendo a las personas un viaje al pasado, al revitalizar estos lugares como atracciones turísticas. Al despertar de un ligero sueño en mitad de la noche, a veces tomo a ese niño que una vez fui y lo siento en la oscuridad, con un viejo y solitario silbato. Luego enciendo una tenue luz en cada una de las salas de espera de las estaciones recorridas a lo largo de mi vida, e imagino escenas del poema “En la estación de Sapyeong”, de Kwak Jae-gu. “… con sus ventanas como hojas de otoño / quién sabe dónde pasa el tren nocturno / gritando cada momento que he deseado / arrojé un puñado de lágrimas a la luz”. Kim Hwa-young Crítico literario; Miembro de la Academia Nacional de las Artes

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Persiguiendo dinero rápido

Lifestyle 2021 SUMMER 68

Persiguiendo dinero rápido CULTURE & ART--> Persiguiendo dinero rápido La pandemia del COVID-19 causó una drástica venta de acciones a la que siguió un fuerte repunte, creando una nueva generación de inversores que buscan resolver su precaria situación de ingresos y ahorros. Im Su-bin, estudiante de último curso universi¬tario de 29 años, comenzó a invertir reciente¬mente en acciones con 300.000 wones (unos 260 dólares), suma que obtuvo trabajando a tiem¬po parcial. Aunque encontrar prácticas no es difícil en Corea, se antoja imposible conseguir un trabajo decente a tiempo completo, pues las empresas rece¬lan de los contratos fijos. Desesperada, Im apostó por invertir en acciones para cubrir sus gastos.Kim A-ram, traductora autónoma de 33 años, planeaba gastar sus ahorros en su luna de miel el pasado diciembre. Pero las limitaciones por COVID hicieron que muchos familiares y amigos no pudieran ir a su boda. Así que invirtió su “luna de miel” en la bolsa de valores. Ella espera que un repunte del mercado le deje una buena suma para ayudar a comenzar su vida matrimonial. Estas dos inversoras novatas no son excepción en su grupo de edad. En 2020, había 9,14 millones de inversores particulares en el mercado de valores coreano, un tercio de los cuales eran recién llega¬dos, según el Fondo de Valores de Corea. El total de activos en manos de particulares alcanzó 662 billones de wones a finales de 2020, 243 billones de wones más que los 419 billones de wones de finales de 2019. Los inversores particu-lares poseen el 28% del valor de mercado, con un aumento del 3,6% en un año.Los hombres poseían 489 billones de wones en acciones, más del doble que las mujeres, con 173 billones de wones. Pero las mujeres destacan en la selección de activos: el valor de las acciones en manos de las inversoras aumentó un 77%, de 97 billones de wones en 2019 a 173 billones de wones en 2020. Mientras, las acciones en manos mascu¬linas subieron un 52%, de 321 billones de wones a 489 billones de wones, en el mismo periodo. Muchas aplicaciones facilitan la compra-venta de acciones. Los corredores ofrecen incentivos para captar nuevos inversores de entre 20 y 30 años, apodados como ”hormigas“, que esperan convertir modestos salarios en grandes beneficios. ©freepik Comprar oportunidades Los jóvenes llevan décadas luchando por un empleo estable en Corea. Desde la crisis asiática de 1997 y el colapso financiero mundial de 2008, las empresas limitan la contratación a tiempo comple¬to y optan por contratos a corto plazo. A la vez, los bajos tipos de interés hacen que las cuentas de aho¬rro no sean rentables. Esto sitúa a muchos jóvenes en dificultades económicas, por no hablar de aho¬rrar para casarse o comprar una casa.Entonces, el COVID-19 abrió una ventana de oportunidad. El 5 de enero de 2020, el índice com-puesto de la Bolsa de Corea (KOSPI) cerró en 2.206 puntos. Pero a medida que la amenaza de la pandemia se volvió más alarmante para la econo¬mía, el KOSPI se desplomó hasta 1.566 puntos el 20 de marzo, perdiendo un 29%. A partir de ahí, repuntó por la gestión del COVID de Corea y ante el optimismo por el desarrollo de vacunas, los estí¬mulos públicos y la recuperación económica. Los precios de las acciones cayeron en picado y un hipotético regreso a la normalidad ofrecía la promesa de obtener ganancias rápidas. Oleadas de jóvenes abrieron cuentas para “remar en sus pro¬pios botes cuando llegara el agua”, como dice el refrán. Luego, a medida que avanzaba el año, el mercado laboral les dio más motivos para buscar dinero rápido. En diciembre de 2020, según Esta¬dísticas de Corea, 3,51 millones de personas de 20 años tenían empleo, un 3,9% menos que el año anterior, con una drástica caída respecto a otras edades. La tasa de desempleo entre los jóvenes en sus 20 aumentó un 0,9% interanual en diciembre de 2020. Los particulares, en concreto los inversores novatos de entre 20 y 30 años, representan supues-tamente la mayor parte del aumento del comercio de acciones en 2020, y su frenesí oportunista dio frutos. El KOSPI cerró 2020 en 2873,47 puntos, ganando un 80% sobre el mínimo anual de marzo. Atención mediática Nuevas palabras y frases de moda han acompaña¬do la marejada. Una de ellas es “Movimiento de hormigas Donghak”, derivado de los campesinos de Donghak, o “Eastern Learning”, que se rebela¬ron contra la intrusión extranjera a finales del siglo XIX, durante la era Joseon. El término refleja cómo inversores jóvenes a pequeña escala compran accio¬nes para proteger el mercado de valores nacional de inversores institucionales extranjeros. “Hormigas” alude a jóvenes asalariados. Otra palabra de moda es jurini, contracción de jusik (acciones) y de eorini (niño), que alude a “inversores principiantes”.La cobertura mediática también ha aumentado. Antes, solo hablaban de acciones o inversión los canales de negocios, pero hoy hasta los programas de entretenimiento cubren estos temas. Un ejemplo típico es “La marcha de las hormigas”, programa de variedades de KakaoTV lanzado el pasado septiem¬bre, que muestra cómo las celebridades invierten en acciones con cuentas a su nombre. Con buena audiencia y disponible en Netflix, cada episodio tiene unos dos millones de visitas.Mientras, MBC TV presentó un programa pilo¬to de dos partes sobre compra de acciones, “El sueño de las hormigas”, donde expertos económi¬cos enseñan conceptos básicos a las celebridades. En tanto, un episodio especial del programa de variedades “Running Man” de SBS TV, presentó simulaciones del mercado de valores; y Yoo Jae-suk, popular presentador de “Hangout with Yoo” de SBS, invitó a su programa a tres jóvenes inversores en marzo. El volumen de ventas y de ingresos sobre acciones, inversiones y fondos se multiplicó por cinco en el primer trimestre de 2021, sobre el mismo periodo en 2020, según Interpark, una plataforma en línea. © Gian Tendencia duradera Los expertos afirman que el entusiasmo inversor de los jóvenes continuará a largo plazo. Durante déca¬das no ha habido un alivio significativo al frágil empleo ni al alza de los precios de las viviendas, y pese a los intentos gubernamentales, los precios de los apartamentos en Seúl, donde vive casi la mitad de la población de Corea, se han duplicado los últi¬mos años. Al evaporarse el sueño de comprar una casa, los jóvenes retrasan su boda hasta ahorrar suficien-te dinero. En 2020, el número de matrimonios cayó a un mínimo histórico desde que existen registros en 1970. El año pasado se casaron unas 214.000 parejas, un 10,7% menos interanual, según Estadís¬ticas de Corea. “March of the Ants”, un programa de variedades de KakaoTV que ofrece consejos de inversión a principiantes, ha renovado por cuarta temporada. © Kakao Entertainment Una encuesta del portal de empleo en línea JobKorea muestra que 3 de cada 10 estudiantes universitarios del país invierten en acciones. Casi la mitad se lanzaron al mercado de valores hace menos de un año, cuando la pandemia de COVID empeoró sus ya débiles perspectivas de empleo. © The Dongguk Post Gyeongju “Los actuales veinte y treintañeros son muy distintos a los de generaciones pasadas, que poseían autos o soñaban con empezar a comprar una casa a esa edad ahorrando el salario mensual”, explica Park Sung-hee, investigadora senior de Korea Trend Research Institute: “Ahora alquilan el coche y comprar casa es una posibilidad remota”. “En vez de ahorrar para un futuro lejano, bus¬can obtener ganancias con pequeñas cantidades de dinero en inversiones a corto plazo”, destaca. “Encontrar trabajo es difícil y nadie garantiza un empleo de por vida, tendencia que ha agudizado la pandemia de coronavirus. Los jóvenes buscan obje¬tivos de inversión que no requieran contacto perso¬nal, y al ser casi imposible viajar al extranjero con libertad, volvieron la vista al comercio de acciones, algo que pueden hacer fácilmente con un teléfono inteligente”, agrega Park. Ra Ye-jin Reportera económista, JoongAng Ilbo S

Laure Mafo BAJO EL HECHIZO DEL PANSORI

In Love with Korea 2021 SPRING 149

Laure Mafo BAJO EL HECHIZO DEL PANSORI No todo el mundo tiene la suerte de saber exactamente lo que desea en la vida. Laure Mafo sí. Solo tuvo que escuchar pansori una vez para saber que había encontrado su vocación. Sin dudarlo, decidió venir a Seúl, donde ahora perfecciona sus habilidades en ese género de música vocal tradicional coreana, con la esperanza de poder interpretarlo ante el mundo. Cuando Laure Mafo trabajaba para Samsung Electronics en París, soñaba con comprar una casa y convertirla en guardería infantil hasta que vio una actuación de pansori. “Fue increíble. Fue amor a primera vista”, recuerda. Hipnotizada por la canción narrativa tradicional coreana, se halló sonriendo durante la actuación mientras pensaba: “Esto es bueno, muy bueno. Esto es lo mío”. Tras la actuación se acercó a la cantante Min Hye-sung para preguntarle sobre cómo aprender pansori. Min, que había interpretado un extracto de “Chunghyangga” (Canción de Chunhyang), basado en una famosa historia de amor entre un niño noble y una niña plebeya, le explicó que Corea era el mejor lugar natural para comenzar. Impulsivamente, Mafo, estudiante universitaria de contabilidad y fan del K-pop, le preguntó: “Si voy a Corea, ¿me enseñarías?”. En 2017, tras dos años de preparativos y de convencer a su familia y amigos de que no estaba loca, Mafo llegó a Seúl. Min la advirtió que aprender le llevaría 10 años como mínimo, pero para aliviar la preocupación de su madre, Mafo dijo que “lo intentaría solo por un año”. Aunque no era particularmente aventurera, tampoco era aprehensiva. “Tan solo lo sentí”, explica. Según lo prometido, Mafo comenzó a aprender con Min, experta en el arte de cantar “Heungbuga” (Canción de Heungbu), una de las cinco obras principales de pansori y pieza designada como Importante Patrimonio Cultural Inmaterial de Corea. Había mucho que aprender, y como la narración es fundamental para pansori, comprender la letra es crucial. Eso la llevó a aprender coreano y chino escrito como primer paso. La búsqueda de Laure Mafo para ser intérprete de pansori no solo precisa arduas horas de aprender técnicas de género narrativo musical, sino también un intenso estudio del idioma coreano para comprender las canciones y afinar su pronunciación al nivel nativo. Práctica y más práctica Antes del COVID-19, la práctica, los conciertos ocasionales y las apariciones en televisión llenaban los días de Mafo, generalmente de 11 a.m. a 9 p.m. Ella siente que tiene que esforzarse el doble que otros; que articular las letras es una lucha, y mucho más comprender su significado. Para pronunciar correctamente, una vez practicó con un bolígrafo en la boca durante una semana. “Quizá no logre cantar como los coreanos nativos, pero quiero ser profesional”, comenta Mafo, de 36 años, con voz profunda y resonante. En su incipiente carrera, un hito memorable sucedió en 2018, cuando cantó en el Palacio del Elíseo en París para conmemorar la cumbre entre el presidente coreano Moon Jae-in y el presidente francés Emmanuel Macron. Pero esta ciudadana francesa nacida en Camerún considera aún más especial otro momento de 2019, cuando actuó en la Embajada de Corea en Yaundé, la capital de Camerún, con su maestra. Entre el público estaban sus familiares y otros dignatarios locales. “Mi madre dijo que en realidad no pudo verme actuar”, comenta Mafo. “Solo observaba a las otras personas para ver su reacción. Estaba muy orgullosa”. La historia de cada canción y los mensajes subyacentes atraen a Mafo. Su favorito es “Heungbuga”, un cuento popular sobre un hermano menor, pobre pero de buen corazón, y su codicioso hermano mayor. “Habla de la familia. Cada familia tiene distintos problemas. La mía también, pero comparto el mensaje de que ser bueno tiene su recompensa”. Su objetivo final no es solo dominar “Heungbuga”, sino interpretar la pieza completa de tres horas, con suerte por todo el mundo, y también enseñar pansori a los niños. Quiere ayudar a los niños a expresarse a través de esta música, que tanto la ha ayudado a ella. “En París, la mayor parte del tiempo estaba deprimida. No sé por qué, no podía expresar mis sentimientos”, afirma. “Pero al cantar pansori, siento que mi mente se despeja. Algún día, quiero enseñar a mis hijos esta hermosa música”. Esto lleva a Mafo a pensar de nuevo en su madre, con la que habla a diario. Cada vez, ella le pregunta si ya ha encontrado a un buen hombre. Y cada vez ella responde: “Todavía no”. Como embajadora honoraria de la Fundación Corea-África, a Mafo le gusta usar un hanbok pues refleja tanto sus raíces de Camerún como su cultura coreana de adopción. Su traje típico coreano combina una chaqueta de diseño camerunés único con una falda roja de estilo tradicional. Año de pandemia El año 2020 fue especialmente difícil para Mafo. No se permitían actuaciones y por su visa no podía hacer otro trabajo fuera de las artes. Intenta llegar al público en línea a través de su propio canal de YouTube, “Laurerang Arirang (Arirang con Laure)”, y del canal de su maestra, “Bonjour Pansori”, traduciendo las clases de ésta al francés. Pero sin actuaciones no hay ingresos. Aún así, Mafo se considera afortunada. La casera de su pensión la ayuda mucho, pues renunció al alquiler y se ocupa de lo básico. Incluso regaló a Mafo un hanbok (traje típico coreano) para salir a escena. Mafo la llama “eonni”, que significa “hermana mayor”. A veces, todavía le desconciertan las relaciones y el lenguaje “formal” coreano, pero por lo demás asegura que su experiencia en Corea ha sido positiva, gracias a su buena gente. “Mis amigos coreanos de París también me ayudaron con tareas básicas, como hallar un lugar para vivir y abrir una cuenta bancaria”. Echa de menos delicias francesas como la raclette de queso y los éclairs, pero ya ha encontrado su propia comida favorita coreana: la sopa de caldo de hueso de buey, un plato popular para la resaca que le encanta, aunque no beba. Y no todo fue sombrío en 2020: Mafo logró su ansiado objetivo de ser admitida en la prestigiosa Universidad Nacional de Artes de Corea. Estaba encantada, aunque un poco preocupada por “volver a ser estudiante y tener que traducir todo”, aunque su verdadera preocupación es pagar la matrícula. Por primera vez en su vida, dice, se encuentra en apuros económicos. “Cuando actúo, quiero que mi público me vea como cantante de pansori, no como un extranjero cantando pansori”. Sin vuelta atrás Aún así, Mafo no se arrepiente en absoluto, y solo una vez cuestionó su elección. Fue durante el primero de sus campos de entrenamiento intensivo de pansori, dos veces al año, el llamado “san gongbu” (literalmente “estudiar en las montañas”). “Pensé que iba a morir. Comenzaba a las 5 a.m. y practicábamos todo el día. Practica y come, practica y come”, recuerda. “Me decía a mí misma: ¿Qué estoy haciendo aquí? Pero luego fue como… Vaya, mi pansori realmente ha mejorado”. Admite que los campos de entrenamiento de montaña fueron cruciales para adquirir la voz adecuada y complejas técnicas. Para Mafo cantar pansori en francés es otro desafío, y a veces mezcla coreano y francés, reto aún más difícil. “Cuando cantas en coreano, las técnicas son diferentes”, explica. “Cuando canto en coreano es como una historia, pero en francés es como una canción. Ahora estoy trabajando el lado francés, para que también parezca una historia”. Pero al margen del idioma, parece cristalizar sus esperanzas en esta declaración: “Cuando subo al escenario, quiero que mi público me vea como una cantante de pansori, no como una extranjera cantando pansori”. Este año, espera poder actuar nuevamente. También pretende dominar “Heungbuga” y pasar a una pieza menos conocida llamada “Sugyeong nangjaga” (Canción de la doncella Sugyeong). Es una historia de amor que hoy solo interpreta un puñado de cantantes, y uno de ellos es Min Hye-sung. “Si solo una persona tuviera algún día la misma sensación que tuve al oír cantar a mi maestra por primera vez, si solo uno dijera: ‘Vaya, yo también quiero aprender eso’, sería increíble”, concluye Mafo.

“El Arirang más triste y bello del mundo”

Interview 2021 SPRING 168

“El Arirang más triste y bello del mundo” Célebre cantante de jazz con fuertes vínculos europeos, Youn Sun Nah posee una larga y activa carrera. Al pasar más tiempo en Corea por la COVID-19, pudo colaborar con músicos de otros países en el álbum “ARIRANG, The Name of Korean vol. 8”, lanzado en diciembre de 2020. Nah Youn-sun, directora musical de “ARIRANG, The Name of Korean vol.8”, álbum que explora interpretaciones contemporáneas de la típica canción popular coreana, con el intérprete de geomungo Heo Yoon-jeong en un estudio de grabación. Lejos de ser un obstáculo, trabajar en remoto permitió una mayor concentración a cada músico y mejorar el sonido del álbum. Para Nah Youn-sun el tema “Arirang” invita a reiniciarse en tiempos difíciles. Al ver a Youn Sun Nah en el escenario, uno siente que esta cantante es un instrumento único e incomparable. Las melodías que fluyen sobre su público son delicadas y agudas y se filtran en el corazón de cada oyente. “Momento Mágico”, “Asturias”, “Breakfast in Baghdad” o “Hurt”, son excelentes oportunidades de experimentar la ingeniosa música que Nah puede crear con sus cuerdas vocales. Reconocida como una de las cantantes de jazz más importantes de Europa, Nah encabeza regularmente escenarios en los festivales de jazz más prestigiosos del mundo, y posee numerosos galardones, incluyendo el de Oficial de la Orden de las Artes y las Letras del Ministerio de Cultura de Francia. Desde que en 2008 firmó con el sello discográfico alemán ACT y luego con el sello estadounidense Warner Music Group en 2019, Nah ha dejado sentir su superlativa presencia. Más que la música blues estadounidense, “Arirang”, la canción folclórica coreana más conocida tanto en Corea como en el extranjero, parece ser la arteria principal de influencia de esta vocalista de jazz con sede en París. “Cuando canto una triste chanson francesa, siento que mi interpretación es mucho, mucho más triste que la original”, explica. “La forma de ser de los coreanos es conocida: cuando perdemos a alguien próximo lloramos como si se acabara el mundo. En cierto modo, he llevado esa sensibilidad a mis canciones”. El séptimo y octavo álbum de Nah, titulados respectivamente “Same Girl” y “Lento”, incluyen versiones de “Arirang”, tema que también cantó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. Esta vez asume el papel de directora musical en “ARIRANG, The Name of Korean vol. 8”, completamente estructurado en torno a esa canción folclórica que históricamente ha tenido infinitas variaciones. Con treinta y cinco minutos de duración, el álbum incluye seis nuevas versiones de “Arirang”, cada una con artistas de diferentes países, como la pieza de la intérprete de gayageum Kyungso Park y el saxofonista británico Andy Sheppard, o la de Yoon Jeong Heo, intérprete de geomungo, con el trompetista noruego Mathias Eick. ¿Qué diferencia esta versión de “Arirang”? Como sabe, el año pasado fue especialmente difícil para todos por la COVID-19. Músicos, productores, agencias – todos sufrimos terribles dificultades al desaparecer las actuaciones en directo, pero ninguno dijo: “Se acabó”. En cambio, nos envolvía el lema “Mantente creativo”. Aprendí mucho de esa actitud positiva. No quería cantar un “Arirang” alegre y brillante, de esperanza inventada, así que animé a todos a hacer el “Arirang” más triste y bello del planeta, captando el mundo como es hoy en realidad. Todos accedieron y se lanzaron a esa tarea, y en última instancia el proceso de crear este álbum fue bastante terapéutico para todos. ¿Con qué tipo de músicos quería trabajar? Quería músicos que estuvieran abiertos a colaborar y que fueran capaces de entender lo que realmente es “Arirang”. Andy Sheppard, por ejemplo, ya había trabajado con Park Kyung-so una vez en el “K-Music Festival” de Inglaterra. Y con Mathias Eick hicimos una gira juntos como dúo, así que sé que posee múltiples habilidades como instrumentista. Puede tocar trompeta, bajo, batería, piano… y hasta instrumentos electrónicos. Durante años de frecuentes giras por Europa, Nah ha jugado un rol clave al establecer “Arirang” en el repertorio de jazz. Por ejemplo, en su álbum de 2017 “Good Stuff”, el finlandés Iiro Emil Rantala (piano) y el sueco Ulf Wakenius (guitarra) incluyeron un tema titulado “Seoul”, basado en la melodía de la versión regional de Miryang de “Arirang”. Y a principios de la década de 2000, Wakenius se familiarizó profundamente con las versiones de “Arirang” de Miryang, Jindo y Jeongseon mientras trabajaba estrechamente con Nah.] ¿Cómo perciben los músicos extranjeros “Arirang”? Primero, les suele gustar mucho la melodía en sí. En realidad, interpreté todas las diferentes versiones regionales de “Arirang” para Samuel Blaser, un trombonista suizo que colaboró en “ARIRANG-19” con el dúo CelloGayageum. Estaba tan impresionado ante tantas versiones que dijo sentirse repleto de inspiración y me envió un verdadero torrente de reinterpretaciones. ¿De dónde procede esa fuerza? Considero que es inherente al minyo o canción popular. Y para los extranjeros es novedoso. Es como descubrir un tipo de música totalmente nuevo, y puede despertar un interés muy fuerte. “Arirang” tiene huesos simples, pero hay algo singular en sus ritmos. Eso hace posible que cada uno experimente lo que más le interese, y más aún si hablamos de músicos de jazz. Después de todo, si un músico de jazz siente cien cosas diferentes, puede expresarlas de cien formas diferentes, una por una. Les interesaron mucho los ritmos irregulares, con 5 o 7 tempos. Este álbum se hizo a distancia. ¿Supuso un problema? Por la pandemia todos estábamos físicamente muy distantes y era imposible reunirnos. Así que empezamos por los músicos coreanos, cada uno creando y grabando nuevas interpretaciones de “Arirang”. Ellos enviaron su trabajo, bien directamente o a través de mí, a sus colaboradores en el extranjero por internet (correo electrónico, messenger o redes sociales). Entonces, esos músicos en la lejanía escuchaban el archivo y enviaban sus arreglos. Naturalmente, no fue algo fácil ni de una vez. Repetimos el proceso muchas veces, reelaborando cada pieza de arriba a abajo hasta que todos estuvieron satisfechos con el resultado. Pero salvo por la diferencia horaria, fue como cualquier otro proceso de composición colaborativa. Incluso en algunas de las piezas hice yo la remasterización final. ¿Cómo fue 2020 sin sus giras habituales? Bueno, nunca había podido pasar tanto tiempo con mis padres. Antes, mi casa en Corea era casi como un hotel donde pasaba cortos periodos antes de irme de nuevo. Para ser honesta, también tuve cierta depresión y ansiedad. De la nada surgían pensamientos como: “¿Hasta dónde he llegado realmente en mi vida?”. Soy bastante sensible en y conjunto la situación me afectó mucho. Algunos amigos cercanos me comentaron que, en tiempos como estos, las redes sociales podían ser una buena herramienta, pero nunca recurrí a ellas. Al comenzar la pandemia, en vez de escuchar música me enfoqué en limpiar, ordenar y pasar tiempo con mis padres. Cuando empecé a escuchar música de nuevo, básicamente redescubrí la música europea. De algún modo, sentía cada álbum como la banda sonora de una película. Si bien antes había sentido euforia al escuchar a Stevie Wonder o a Herbie Hancock, sentada en mi propia casa escuchando lentamente muchos álbumes en su totalidad, comprendí cómo la música también puede contar una historia larga y completa. Por supuesto, ese arco narrativo es algo que siempre se valora al elegir los temas, pero este álbum fue una oportunidad real para comprender, a un nivel más profundo, su importancia. También fue un período en el que volví a sentir cuánto poder curativo real puede hallarse en el arte y la música. Al coordinar este álbum, les dije a todos: “No hagáis temas cortos. Hacedlos lo más largos posible, decid hasta la última cosa que queráis decir”. Colaboradores de “ARIRANG, The Name of Korean vol. 8”: (izda., primera fila) el músico de geomungo Heo Yoon-jeong, el baterista Michele Rabbia (Italia), el saxofonista Andy Sheppard (Inglaterra), el vocalista de minyo de Gyeonggi Kim Bora (Corea); (segunda fila) el acordeonista Vincent Peirani (Francia), el intérprete de geomungo Heo Yoon-jeong, el flautista Joce Mieniel (Francia), el intérprete de daegum Lee Aram (Corea); (tercera fila) el vocalista de pansori Kim Yulhee (Corea), el intérprete de gayageum Park Kyungso (Corea), el trompetista Mathias Eick (Noruega) y el percusionista Hwang Min-wang (Corea). Faltan el dúo coreano Cello- Gayageum y trombonista suizo Samuel Blaser. “A rirang tiene huesos simples, pero hay algo singular en sus ritmos. Eso permite que cada músico experimente lo que más le interese, y más aún si hablamos de músicos de jazz”. Este álbum podría ser un buen acompañamiento para actividades como yoga o entrenamientos en casa. Eso podría estar bien, pues no requiere total concentración para escucharlo. Es música agradable para fregar platos o estar ocioso por casa, incluso sin hacer nada en absoluto. Pero a aquellos que tengan tiempo y espacio, les recomiendo profundizar y escucharlo con plena atención. Entonces, casi podrán sentir como si siguieran el arco narrativo de un largometraje. ¿Cuáles son sus planes para 2021? Estoy preparando mi segundo álbum con Warner Music. Será mi undécimo álbum, y espero comenzar pronto a trabajar en él en Nueva York y en Los Ángeles, para entrar al estudio de grabación en abril. He estado considerando volver a los temas acústicos, pero aún no he decidido nada. Estoy buscando nuevos formatos. Y si la situación de la COVID-19 mejora, tengo unas diez actuaciones en Europa para marzo. Sinceramente espero que este año traiga días más felices para todos los músicos, los artistas y la gente en general.

Felicidad con un simple toque

An Ordinary Day 2020 WINTER 156

Felicidad con un simple toque Lim Chun-sik lleva 43 años friendo kkwabaegi (rosquillas retorcidas) en un mercado callejero tradicional en Seúl. Para él, cada día es tan simple y sabroso como las delicias que vende a largas colas de clientes. Lim Chun-sik lleva más de 40 años vendiendo kkwabaegi en el mercado Yeongcheon, Seúl. Tras amasar la masa hace hebras finas, las lanza al aire y las convierte en una rosquilla retorcida en un abrir y cerrar de ojos. El mercado de Yeongcheon no está entre los mercados tradicionales famosos de Seúl. Su apogeo acabó cuando un paso elevado y una remodelación engulleron la zona de Independence Park, reduciendo considerablemente el mercado, otrora en expansión. Aún así, quedan algunas entrañables tiendas, y una de ellas atrae tanto a trabajadores del barrio como a vecinos de distantes apartamentos de gran altura. A la entrada del mercado, con las puertas abiertas de par en par, hay una pequeña tienda llamada Darin Kkwabaegi (Maestro artesano en rosquillas retorcidas). Podría sonar jactancioso, considerando que cientos de puestos venden kkwabaegi en la capital. Pero un bocado de las que ofrece Lim Chun-sik, su propietario, suele bastar para convencer a cualquier fan de las rosquillas de que “maestro” no es un eufemismo. En el desvío del mercado resuena una voz de la tienda de Lim que saluda, toma pedidos y llama al próximo cliente. La escena parece animar a todos, tanto a los que aguardan largas filas esperando turno o los que muerden sus kkwabaegi con satisfacción, como a los espectadores que disfrutan la escena. Kkwabaegi se prepara enrollando masa de harina larga y delgada, doblándola por la mitad y retorciendo ambos extremos, casi como una cuerda que luego se fríe en aceite. Sus raíces se remontan al mahua, una delicia tradicional horneada de la antigua China. Al ser una especialidad de Tianjin, en el norte de China, hallar mahua tradicional es bastante difícil. Dicen que los coreanos étnicos de Yanbian, en el noreste de China, comenzaron a fermentar la masa con alcohol o levadura, creando una versión más suave llamada tarae-tteok, literalmente “pastel de madejas”. Y en Corea les agregaron azúcar, enfatizando su dulzura. Algunas personas separan el kkwabaegi, fuertemente retorcido, con los dedos antes de comerlo, y otros lo muerden entero. Pero de cualquier forma, es una delicia. Desde que Lim salió en el documental semanal de televisión de SBS “Master of Living”, la cola de clientes es cada vez mayor en su tienda de rosquillas. Trabajar desde los 13 Darin Kkwabaegi es fruto del esfuerzo familiar. Junto a Lim trabajan su esposa, su hijo, su nuera y su hermano menor. El letrero de la tienda dice “Un legado de 42 años”, pero eso cambió en 2019, y en 2021 marcará su 44 aniversario. Lim, el mayor de cuatro hijos de la provincia de Jeolla del Sur, perdió a su padre en sexto grado. Para ayudar a su madre, que intentaba mantener sola la casa, partió hacia Seúl al terminar la primaria. A la edad de 13 años, Lim empezó a trabajar y nunca regresó al aula. Terminó en el mercado Yeongcheon, donde un amigo de su ciudad natal tenía una tienda de twigim (buñuelos). “Originalmente este era el callejón tteok (pastel de arroz)”, explica Lim, señalando la línea de su tienda. “Todo eran tiendas de tteok o de twigim. Entonces un día alguien trajo un kkwabaegi y me dijo: ¿Y si pruebas? Fue escuchar eso y comenzar a hacerlos. Entonces no había ninguna tienda de kkwabaegi. Fue antes de que se volvieran populares, pero aquellos que las probaban, decían: son dulces y saladas, sabrosas, fáciles de digerir, etc.” Lim y su amigo trabajaron 10 años juntos y finalmente, en 1977, Lim abrió su propio negocio. Se quedó en el mercado de Yeongcheon solo porque le era familiar. Antes era mayorista. Trabajaba desde antes de amanecer haciendo kkwabaegi que ponía en cajas, que por la mañana recogía un repartidor para llevarlas a un restaurante provisional cerca de un comedor escolar y de una obra en construcción próxima. Pero ese trabajo tan duro, consumía veinte sacos diarios de harina de 20 kg, le desgastaba. Por suerte para su salud, el restaurante y la cantina cerraron, y Lim comenzó a vender a particulares. Sus rosquillas recién hechas triunfaron y rápidamente llegaron los clientes habituales. En poco tiempo, el boca a boca se extendió y muchos amantes de las rosquillas venidos de lejos se unieron a la cola. Para garantizar la calidad y por gusto, Lim come tres o cuatro kkwabaegi al día. “Primero porque es sabroso, y también para ver si quedó bien o necesita algún retoque. La cantidad de sal, la cantidad de azúcar, la cantidad de agua, el tiempo dedicado a amasar… todo es importante”. La tienda es un negocio familiar. Lim y su hermano menor hacen la masa, y su esposa y su hijo se encargan de freír. Su nuera toma los pedidos y envuelve los kkwabaegi. Show de masa Además de obtener una delicia de repostería, los clientes ven un espectáculo. Una de las razones que justifican las largas colas es la llamativa técnica de Lim. Cada lote de masa comienza con 40 kg de harina. Luego agrega azúcar, margarina, agua tibia y levadura viva, y comienza a amasar, estirar y golpear. La masa fermentada se extiende y se corta en trozos rectangulares de unos 3 cm de ancho y 15 cm de largo, que se estiran en “cuerdas” finas y delgadas, que se doblan por la mitad y se lanzan – zumbido- al aire, y se retuercen con forma agradable antes de aterrizar con un golpe satisfactorio. No solo mantienen el grosor y el tamaño: todo el proceso hipnotiza. Cautivados por su técnica, los clientes otorgaron a Lim el apodo de “maestro”. La frescura es primordial. Cada lote de masa está calculado para durar poco. Si se deja reposar mucho, el color cambia y el sabor ya no será el mismo: el kkwabaegi debe freírse y venderse en las tres horas siguientes al amasado. Y como prepararlos de antemano arruina el sabor, cada kkwabaegi se sirve frito y bien caliente. Obviamente, esto distingue enormemente los kkwabaegi de Lim de los que pueden aguantar horas en panaderías y supermercados. Para una jornada laboral que comienza al amanecer preparan tres lotes de masa. Lim se levanta a las 5:30 y solo tarda cinco minutos a pie en alcanzar su tienda de 40 metros cuadrados. Llega a las seis y la primera ola de clientes comienza 30 minutos después. Llueva o truene, esperan afuera pacientemente. La tienda es demasiado pequeña para que quepa cualquier persona ajena a los Lim, por lo que la única opción es hacer cola. “Vienen señoras de la limpieza que entran pronto, o gente que trabaja en escuelas u hospitales. Para algunos es un sustituto de la comida, y otros las llevan para compartir con sus compañeros de trabajo. Ya sabes, puede ser agradable comer algo de dulce por la mañana”, resalta Lim. Una vez terminan las prisas matutinas, sobre las 10 en punto, Lim desayuna/almuerza. Luego llega la fiebre del almuerzo con los oficinistas. A las dos o las tres de la tarde, el tercer lote de masa se acaba y la tienda se cierra y se limpia. Después, los Lim se separan y siguen con su vida. Al dueño le gusta hacer ejercicio y jugar al golf en pantalla. “Es agotador y requiere esfuerzo, claro. Pero, ¿qué trabajo da dinero sin esfuerzo? Como trabajo, hacer kkwabaegi es francamente elegante”. Sabor inmutable Los precios de Lim siguen siendo desconcertantemente bajos. En muchas tiendas similares, tres kkwabaegi cuestan unos 2.000 wones. Lim los supera a todos los niveles, presentando una terna inigualable de calidad, cantidad y precio: vende cuatro kkwabaegi por 1.000 wones. Sorprendentemente, aunque los ingredientes sí habrán subido, el precio no ha cambiado en los últimos 10 años. Es razón suficiente para preocuparse por el margen de Lim. “Bueno, es una empresa familiar y no tenemos costes de personal. No usamos huevos ni leche; lo hacemos a la antigua y los precios van en consonancia. Una parte de mí querría subir el precio, claro, pero la economía no va tan bien estos días y esto es suficiente para vivir, así que mantendré este precio. A los clientes les encanta que seamos baratos”. Lim intentó reemplazar tanta dedicación manual con una máquina de amasar, pero asegura que la masa tenía un sabor horrible. “Si me sabe mal a mí, a mis clientes también les sabrá mal. Y si los clientes dicen que sabe mal, bueno, eso nos hará sentir mal a todos. Así que quité la máquina”, explica. “Es agotador y requiere esfuerzo, claro. Pero, ¿qué tipo de trabajo da dinero sin esfuerzo? Como trabajo, hacer kkwabaegi es francamente elegante. No lleva mucho tiempo de preparación: solo has de amasar, freír y ya lo tienes. Luego, al terminar la fritura, tiras el aceite. Hecho. Y tampoco hay que hacer inventario”. Desde que las rosquillas retorcidas de Lim captaron la atención de los medios, recibió ofertas para hacer franquicias. Pero como insiste en amasar a mano, y freír y vender la masa de inmediato, sería imposible supervisar varias tiendas. Quizá sería posible si Lim tuviera aprendices, pero conserva esa opción en el estante con la misma terquedad que ha creado y mantenido constante el sabor de sus rosquillas durante décadas. Día tras día, solo sus manos y papilas gustativas saben cuándo la masa es correcta. Y la adicción de sus clientes agrega un signo de exclamación. “Comes uno, entonces te das la vuelta y estás deseando otro. Eso dicen. He visto a alguien comer 10 de una sola vez. Algunas personas las congelan en casa y las recalientan con una sartén, mientras otras usan el microondas y las espolvorean con azúcar una vez están blandas. Las abuelas las cocinan al vapor en sus ollas arroceras, y los jóvenes en sus freidoras. Una abuela compró tantas una vez que le pregunté: ¿Cómo va a comerlas todas? Y ella me respondió: No te preocupes por eso, las comeré como me las coma, tú solo preocúpate por venderlas”. Kkwabaegi es un dulce común que puede hallarse en cualquier panadería del barrio, pero su sabor difiere sutilmente según cómo se haga. La masa del Sr. Lim no lleva huevo ni leche, por eso sus rosquillas tienen un sabor sencillo y ligero. Felicidad medida “Mi familia nunca fue acomodada, ya sabes, así que comencé a trabajar muy joven. Empecé desde abajo, sin nada. Las habilidades que pude aprender, ser muy trabajador… eso y estar siempre al tanto de los corazones y las mentes: eso fue todo lo que me trajo a donde estoy hoy. Tengo un hijo y, tras graduarse en la universidad, trabajó en una oficina durante unos años. Luego dijo que quería venir a trabajar aquí. Al principio me opuse. El mundo es mejor ahora, y él había tenido una excelente educación. Quería una vida más fácil y cómoda para él. Además, una cosa sería que solo tuviera que esforzarse mi hijo, pero también sería difícil para mi nuera. Este tipo de trabajo necesita “todas las manos a la vez” y realmente nadie puede permitirse tomarlo con calma. Aún así, intente encontrar a alguien de mi generación que no haya tenido problemas en su vida. Felicidad y satisfacción hoy: eso es todo lo que podemos esperar. No me importa mucho hablar de lo mal que solían ser las cosas. Trabajar duro ahora y trabajar feliz: eso es lo que importa”. Lo que Lim pide a la vida tampoco es tan extraordinario. “Me gustaría que mi familia y los míos tuvieran buena salud. Eso es todo. En toda mi vida jamás probé suerte en la bolsa de valores, ni siquiera he comprado un billete de lotería. Si solo gano diez mil wones, bien, entonces solo gasto diez mil wones. Perdí a muchos amigos cuando trabajaba duro y ganaba tanto... todo por dinero. Si salgo y hay gente con más dinero que yo, simplemente pagaré la cena de todos con mi tarjeta de crédito”.“Siempre puedo ganar más dinero haciendo más kkwabaegi. Entonces, la gente piensa que soy rico, pero no es necesario apartarles y explicarles que no lo soy, ¿verdad? Quiero decir, tengo un hijo y también un nieto… eso me convierte en un hombre rico, ¿no? Soy rico porque soy feliz, eso pienso”.La vida de Lim, como su kkwabaegi, es simple y dulcemente sabrosa. Son las tres de la tarde: al terminar su jornada laboral, Lim se sacude la harina de encima y sale de la tienda con paso ligero. Para el mundo apenas es mediodía: medidos bocados de felicidad le esperan por doquier.

Soñando en dos idiomas

In Love with Korea 2020 WINTER 189

Soñando en dos idiomas Nacida en Rusia, pero habiendo pasado gran parte de su vida en Corea, Eva Lee hace que los coreanos se sienten y piensen en su lengua materna. Ella aspira a presentar algún día su propio programa de televisión y dar a conocer la literatura de Corea en Rusia y viceversa. Eva Lee, nacida en Rusia, ha pasado gran parte de su vida en Corea, pues vino de niña con su madre. Es traductora, intérprete y frecuente invitada en programas de televisión y radio. A Eva Lee le dicen constantemente que habla coreano mejor que un coreano. Los vídeos de YouTube que la presentan tienen docenas de comentarios de este tipo. Como intergante habitual del programa de televisión ‘South Korean Foreigners’ (Daehan Oegugin) en MBC Plus y en ‘Park Myung-so’s Radio Show’ de KBS Cool FM, Eva consigue que la gente olvide que es rusa. Pero ser fluido en dos idiomas a veces significa no sentirse cómodo en ninguno de los dos, y estar cómodo con dos culturas a veces significa no sentirse en casa. Eva tuvo una especie de epifanía en 2017, cuando ingresó en la Escuela de Posgrado de Interpretación y Traducción de la Universidad Hankuk de Estudios Extranjeros (HUFS). Ante la tarea de interpretar un texto de tres minutos por primera vez, sintió que tuvo un menbung (desmoronamiento mental) al ver que no sabía ni coreano ni ruso. “No entendía lo que escuchaba”, recuerda. El primer encuentro de Eva con Corea fue cuando su madre fue invitada a enseñar piano en el país. Todo ocurrió gracias a los misioneros coreanos con sede en Jabárovsk, donde Eva y su madre vivían. La conexión fue a través de su abuela materna, que asistía a una iglesia coreana. Así fue como Eva pudo ir a una escuela primaria en Uiwang, en la provincia de Gyeonggi, siendo la única extranjera de su clase. “No era tanto una oegugin(extranjera), sino una oegyein(alienígena)”, recuerda. Pero después de seis años en Corea, regresar a Rusia fue una especie de choque cultural. Más tarde, seis años después, se matriculó en una universidad coreana con una beca del Gobierno y experimentó un choque cultural inverso. Choque bidireccional Tratar con una mezcla de culturas e idiomas llevó a Eva a empezar una carrera en una universidad rusa al mismo tiempo que se especializaba en Estudios sobre Medios de Comunicación en HUFS. “Pasaba cuatro meses en Corea y luego volvía a Rusia por un mes. Cada vez que iba a Rusia, todo seguía igual. Y cuando regresaba a Corea, algo siempre había cambiado”, recuerda. “Yendo y viniendo, lo pasé mal una temporada, pero pude sobrellevarlo. La experiencia me ha hecho menos sensible, pero ahora me resulta más fácil abrirme a cosas nuevas”. Después de terminar su licenciatura en 2015, Eva se casó con un ex compañero de clase y tomó su apellido, Lee. Asegura que lo hizo por conveniencia. Su apellido de soltera era Kononova y la gente sin querer, por supuesto, llegaba a variaciones extrañas e increíbles. El nombre le va bien. Después de hablar con Eva Lee durante un rato, parece una chica coreana común y corriente. Creció viendo ‘Bangwi Daejang Ppungppungi’ (Fart Master Ppungppungi), un popular programa infantil de televisión, e incluso comparte la experiencia de haber esperado fielmente a su novio mientras él pasaba dos años haciendo el servicio militar. Destacando que él estaba destinado en Namyangju, a las afueras de Seúl, recuerda: “En realidad, me pareció bastante fácil. Podíamos hablar por teléfono y nos veíamos una o dos veces al mes”. Y con ese humor seco con el que muchas mujeres coreanas se refieren a sus maridos, añade: “No creo que entonces quisiera verle tan a menudo, y ahora nos vemos demasiado”. La pandemia del COVID-19 ha llevado a la pareja, ambos caseros por naturaleza, a pasar aún más tiempo juntos últimamente. Eva explica que, a veces, molesta a su marido para salir a hacer ejercicio o realizar alguna otra actividad. De no ser por la pandemia, probablemente Eva estaría más ocupada haciendo trabajos de interpretación. Sin eventos internacionales por ahora, está más enfocada en hacer traducciones. La interpretación, según ella, es bastante más estresante porque no hay ocasión para revisar o corregir errores. “Al terminar me siento bien, aunque un poco vacía”, asegura. “Con la traducción surge el estrés de cumplir el plazo y no estar nunca satisfecha. Más tarde, releo mi trabajo y pienso: ¿Por qué escribí eso? Pero, al menos hay un resultado final visible”.Algún día, a Eva le gustaría abordar la traducción literaria. Ahora participa en una clase en línea en el Instituto de Traducción de Literatura de Corea con la esperanza de traducir al ruso “Pavane for a Dead Princess” de Park Min-gyu, entre otras obras, así como dar a conocer libros rusos en Corea. Pocos en este campo son tan competentes como para asumir esta tarea, pero Eva dice que se siente cómoda con el ruso y el coreano y que traduce e interpreta en ambas lenguas. Reflexionando sobre este asunto, dice: “Ahora que he vivido más tiempo en Corea que en Rusia, tal vez el coreano sea más cómodo para mí. Depende de con quién hable o quién sea mi interlocutor”. Eva es habitual en “Extranjeros en Corea del Sur” (que emite MBC), un quiz-show que presenta a extranjeros que viven en Corea, donde deja huella por su saber y fluidez en coreano. © MBC every 1 Eva enseña coreano en “Dave’s World”, el canal de YouTube de David Kenneth Levene Jr., de Estados Unidos. Los espectadores se sorprenden por cómo entiende hasta los matices más sutiles del idioma coreano. © Captura de YouTube Competencia lingüística Aunque ella afirma que la interpretación y la traducción le dan una sensación de logro, fue la televisión lo que llevó a Eva a la popularidad. En realidad, una de las razones por las que trabajó tan intensamente sus habilidades lingüísticas fue su sueño original de ser presentadora de televisión. Su primera aparición en TV fue en el concurso de preguntas lingüísticas ‘Korean Language Competition’ (Urimal Gyeorugi), donde obtuvo el primer premio confrontando sus habilidades contra las de otros extranjeros. Cuando entró en la universidad, trabajó como presentadora en el programa ‘Morning at Gwanghwamun’, de TV Chosun, aunque a pesar del título, no estaba explorando el centro de Seúl. De hecho, el programa la llevó por todo el país, primero a presentar alimentos regionales, y más tarde a experimentar distintos tipos de trabajo. “Todo eran trabajos duros, cosas como capturar pulpos o llevar sacos de harina a una panadería. También viví experiencias muy coreanas, como trasplantar plántulas de arroz”, recuerda Eva. Otros momentos a recordar incluyen alimentar lobos o bucear con tiburones.Aparte de aprender que Corea, a pesar de no ser muy grande, tiene regiones muy diferentes, o que “los lobos tienen más miedo de los humanos que nosotros de ellos”, Eva comprendió que en televisión todo el mundo tiene que actuar un poco, o que una reportera de un programa matinal tiene que ser extraordinariamente chispeante y enérgica. “Vi que estaba más relajada de lo esperado, así que cuando hacía falta actuaba”, confiesa.Eso, sumado a sus conocimientos lingüísticos, la llevó a pensar mucho en el fenómeno de los extranjeros que aparecen en la televisión coreana, en ocasiones solo por hablar el idioma. “En Rusia hay muy pocos extranjeros en la televisión”, reflexiona. Y destaca que hay que hacer algo más que hablar el que, después de todo, es el idioma nativo de la audiencia. “En Corea, si hablas el idioma, te dan una oportunidad. Es algo singular de aquí y algo que agradecer, obviamente”. Pero a veces se pregunta si todo sería mejor sin esa fluidez en el lenguaje. “Si eres linda y cometes errores, hablas un dialecto, o tienes alguna peculiaridad al pronunciar, la gente parece encontrar eso divertido”. Al final, la televisión es entretenimiento. Eva piensa que “para seguir en televisión tienes que trabajar duro y crear un personaje para ti mismo”.Mientras se pregunta si tiene algún sentido hablar exactamente como un coreano, el público abraza su “personaje”, es decir, el de una extranjera que habla como una nativa. Eso conlleva algunas consecuencias. “La gente cree que soy muy inteligente, pero hablar bien y ser inteligente son cosas diferentes. Puedo hablar un idioma porque hice ese aprendizaje. Pero no sé sobre historia, tradición, etc. Solamente puedo hablar de lo que he experimentado. Así que estudio mucho y trato de rellenar las lagunas que tengo”, expresa. Afortunadamente, tiene la capacidad de establecer una conversación real con coreanos y no coreanos por igual, pero siente que aún es joven y no ha creado la red que cree necesitar. Rellenar lagunas Eva todavía sueña con presentar un programa, pero ahora piensa en YouTube, donde las barreras de acceso son más bajas y las restricciones menores, lo que permite un contenido más diverso. El mundo ha avanzado y mudarse a otro país no es tan dramático como antes. Incluso después de casarse, Eva nunca pensó: “Bueno, ya estoy aquí para siempre”. Pensé: “Bueno, por ahora estamos aquí. Mi marido quiere intentar vivir en Rusia por un tiempo. O podríamos vivir ambos en un tercer país”, explica. La comunidad extranjera, como bien sabe, tiene más que ofrecer que simples elogios y comparaciones entre personas, comida y cultura. “Por ejemplo, algunas personas pueden ayudar a los alumnos a pensar en lo que quieren hacer en su vida, o una persona que trabaje en negocios puede inspirar a otros con su experiencia, etc.”, comenta mientras menciona algunas ideas. Afortunadamente, tiene la capacidad de establecer una conversación real con coreanos y no coreanos por igual, pero siente que aún es joven y no ha creado la red que cree necesitar. Otro de sus objetivos es ayudar a promover las relaciones entre Corea y Rusia. Este año se celebra el 30º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. Habían planeado varios eventos, pero fueron cancelados por la pandemia. Por ahora, Eva traduce cosas relacionadas con su página de Instagram y hace de intérprete voluntaria para un centro de llamadas, donde se ocupa de todo, desde dar instrucciones a taxis, hasta calmar a alguien que se haya quedado encerrado en un aseo del aeropuerto. A sus veintiocho años, Eva tiene mucho talento y tiempo para soñar. En ambos idiomas.

Review

Estrellas brillando juntas en la oscuridad

Art Review 2021 SUMMER 72

Estrellas brillando juntas en la oscuridad Entre 1930 y 1950, Corea estuvo sumida en la pobreza. Pero escritores y artistas siguieron persiguiendo sus sueños, gracias a la ayuda de amigos y colegas. Una singular exposición del Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo en el Palacio de Deoksu, en Seúl, muestra cómo esas mentes creativas superaron múltiples obstáculos mediante la camaradería y la cooperación. “Naturaleza muerta con muñeca” de Gu Bon-ung (1906-1953). 1937. Óleo sobre lienzo. 71,4 × 89,4 cm. Leeum, Museo de Arte Samsung. Cuando el academicismo impresionista estaba de moda, Gu Bon-ung se sintió atraído por el fovismo. Como sugiere la revista de arte francesa “Cahiers d’Art” en esta pintura, Gu y sus amigos apreciaron las tendencias del arte contemporáneo de países occidentales. La década de 1930 fue un momento difícil en la historia coreana, cuando el dominio colo¬nial japonés se volvió más opresivo. Pero también fue tiempo de modernización y gran cambio social, particularmente en Seúl, por entonces llamado Gyeongseong. Tranvías y coches corrían por carrete¬ras pavimentadas, y lujosos grandes almacenes esta¬ban listos para vender. Las calles estaban llenas de “chicos y chicas modernos” que expresaban su estilo con trajes de moda o tacones altos. Mientras la desesperanza de la realidad coexis¬tía con románticas ideas sobre los tiempos modernos, Gyeongseong también era ciudad de artistas y escri¬tores. Frecuentaban las cafeterías, llamadas dabang, que surgieron en el centro de la ciudad, lugares donde las mentes creativas hallaban algo más que café y té. Rodeados por exóticos decorados interiores y del pro¬fundo aroma del café, discutían sobre las últimas ten¬dencias de la escena artística europea, como el movi¬miento vanguardista, mientras Enrico Caruso sonaba de fondo. Cafeterías y arte vanguardista La pobreza y la desesperación de un país colonizado no podían amortiguar este espíritu creativo. El fervor por la creatividad en circunstancias difíciles se apo¬yaba en la amistad y en colaboraciones entre artistas y escritores que compartían el dolor de aquellos tiem¬pos y buscaban juntos un camino hacia adelante. Hoy, en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo del Palacio de Deoksu, en Seúl, la exposición “Encuentros entre el arte coreano y la lite¬ratura en la era moderna” goza de un considerable interés público por revisitar aquellos años de “roman¬ticismo paradójico”. Pese al distanciamiento social, durante la pandemia ha atraído a un flujo constante de visitantes. Como indica su título, la exposición refleja cómo pintores, poetas y novelistas atravesaron géneros y campos, compartieron ideas y se influyeron mutua¬mente para alcanzar sus ideales artísticos. Mostran¬do la actividad de unos cincuenta artistas y escrito¬res, la exposición consta de cuatro partes. La Galería 1, “Confluence of the Avant-Garde” se centra en Jebi (golondrina), la cafetería dirigida por el famoso poeta, novelista y ensayista Yi Sang (1910-1937), y destaca las relaciones entre artistas y escritores habituales de allí. Después de formarse como arquitecto, Yi trabajó como delineante en el departamento de obras públi¬cas del Gobierno General de Corea por un tiempo, pero renunció y abrió la cafetería cuando le diagnosti¬caron tuberculosis. Conocido por su obra surrealista, incluido el cuento “Wings” y el poema experimental “Crow’s Eye View”, Yi es uno de los pioneros de la literatura coreana moderna de la década de 1930. Jebi no tenía mucho que mostrar en sí, aparte de un autorretrato de Yi y unas pinturas de su amigo de la infancia Gu Bon-ung (1906-1953) en sus pare¬des desnudas. Pese a ser un lugar humilde sin nota¬ble atractivo visual, era el lugar favorito de los artis¬tas pobres. Además de Gu, los habituales incluían al novelista Park Tae-won (1910-1986), que tenía una estrecha relación con Yi, y al poeta y crítico literario Kim Gi-rim (1908-?), por nombrar un par de ellos. Se apiñaban juntos en la cafetería, para discutir no solo de arte y literatura, sino también de las últimas tendencias y géneros del cine y la música. Para ellos, Jebi no era solo un lugar de reunión, sino un labora¬torio creativo donde absorbían conocimiento y se ins¬piraban entre sí. Les interesaba especialmente la poe¬sía de Jean Cocteau y las películas de René Clair. Yi colgó citas de los poemas de Cocteau, y Park escribió “Conte from a Movie: The Last Billionaire”, paro¬dia de la pieza satírica de Clair sobre el fascismo, “Le Dernier milliardaire” (1934). Es fascinante ver cómo sus obras reflejan su camaradería y las huellas que dejaron en sus vidas. En la pintura de Gu, “Portrait of a Friend” (1935), el hombre inclinado no es otro que el propio Yi. Se lle¬vaban cuatro años de diferencia, pero eran amigos íntimos desde la escuela. Kim no escatimaba elogios sobre el estilo fauvista de Gu, libre de convenciones, y cuando Yi murió con 27 años, lamentó su muer¬te prematura y publicó la primera colección de las obras de Yi en 1949. Tiempo atrás, Yi diseñó la porta¬da de la primera antología poética de Kim, “Weather Chart”, publicada en 1936, y también las ilustracio¬nes de la novela de Park, “A Day in the Life of Kubo the Noveslist” (1934), que fue serializada en el diario Joseon Jungang Ilbo. El estilo literario único de Park y los surrealistas dibujos de Yi crearon páginas idio¬sincráticas enormemente populares entre los lectores. “Autorretrato” de Hwang Sul-jo (1904-1939). 1939. Óleo sobre lienzo. 31,5 × 23 cm. Colección privada. Hwang Sul-jo, que pertenecía al mismo grupo de artistas que Gu Bon-ung, logró un estilo de pintura único, dominando diferentes géneros como naturalezas muertas, paisajes y retratos. Este autorretrato data del año en que murió, a los 35 años. La Galería 2 exhibe obras de arte impresas de las décadas de 1920 al 1940. Muestra libros con hermosas portadas y revistas con trabajos de ilustradores, en su mayoría publicados por empresas periodísticas. “Cheongsaekji” (Papel azul), vol. 5, mayo de 1939 (izda). “Cheongsaekji”, vol. 8 de febrero de 1940. © Fundación Adanmungo© Instituto de Investigación de Bibliografía Moderna“Cheongsaekji”, lanzada en junio de 1938, terminó con su octavo volumen en febrero de 1940. Era una revista de arte completa editada y publicada por Gu Bon-ung. Cubría muchos campos, como literatura, teatro, cine, música y bellas artes, y ofreció artículos de calidad de famosos escritores. Poesía y pintura Insertar ilustraciones en historias seriadas garantizaba un ingreso estable a los artistas, aunque fuera tempo¬ral, y promovía la imagen de los periódicos como un medio capaz de reflejar tanto gustos populares como artísticos. Muchos de estos se presentan en la Galería 2 que, como una ordenada biblioteca, reúne los logros de los medios impresos (incluyendo diarios, revistas y libros) publicados entre las décadas de 1920 y 1940. Titulada “A Museum Built from Paper”, ofrece la rara experiencia de pasear entre novelas serializadas en los periódicos con dibujos de doce ilustradores, inclu¬yendo Ahn Seok-ju (1901-1950). Algunas empresas periodísticas también publi¬caban revistas, dando origen a un género de poe-mas ilustrados llamado hwamun. “Natasha, the White Donkey, and Me”, un famoso poema de Baek Seok (1912-1996), es un ejemplo notable que data de 1938. Ilustrado por el pintor Jeong Hyeon-ung (1911-1976), comienza con las líneas: “Esta noche la nieve cae sin fin / porque yo, un hombre pobre, / amo a la hermosa Natasha”. La ilustración, marcada por sus espacios anaranjados y blancos, se hace eco del tono del poema de Baek, que describe un pecu¬liar sentido del vacío captado con una calidez vaga. Este poema ilustrado apareció en la revista literaria “Yeoseong” (‘Mujeres’), y fue creado ambos juntos para el diario Chosun Ilbo.Baek escribió muchos poemas líricos con un color local distintivo, y Jeong trabajó activamen¬te como ilustrador. Aunque ambos comenzaron como colegas de trabajo, su amistad se hizo mucho más profunda. De vez en cuando Jeong admiraba a Baek, sentado a su lado en la oficina de la edito¬rial. En una breve pieza titulada “Mister Baek Seok” (1939), publicada en la revista “Munjang” (‘Escri¬tura’), Jeong elogió al poeta por ser “tan hermoso como una escultura” y lo dibujó inmerso en su obra. Su amistad continuó después de que ambos dejaran “Yeoseong”. De hecho, Baek se fue a Manchuria en 1940 y desde allí envió un poema titulado: “To Jeong Hyeon-ung – From the Northern Land”. En 1950, cuando las dos Coreas se dividieron, Jeong se fue al Norte y se reunió con Baek. Compiló una colección de poemas de Baek, ilustrando la contra¬portada del libro con un dibujo del poeta, más viejo y maduro que en la ilustración de “Mister Baek Seok”. El fervor por la creatividad en circunstancias difíciles se apoyaba en la amistad y en colaboraciones entre artistas y escritores que compartían el dolor de aquellos tiempos y buscaban juntos un camino hacia adelante. Natasha, el burro blanco y yo” de Baek Seok (1912-1996) y Jeong Hyeon-ung (1911-1976). Adanmungo. Este poema ilustrado salió en la edición de marzo de 1938 de “Mujeres”, una revista publicada por Chosun Ilbo. La colaboración del poeta Baek Seok y el artista Jeong Hyeon-ung muestra el frecuente intercambio entre escritores y pintores generado por el nuevo género hwamun (“escritura ilustrada”). “Familia del poeta Ku Sang” de Lee Jung-seop (1916-1956). 1955. Lápiz y óleo sobre papel. 32 × 49,5 cm. Colección privada. Lee Jung-seop, que se alojaba en casa del poeta Ku Sang por la Guerra de Corea, atrajo a la feliz familia de Ku, quien extrañaba a su esposa y a sus dos hijos, entonces en Japón. Portadas de la revista “Literatura contemporánea” (Hyeondae Munhak), lanzada en enero de 1955. Ilustradas por artistas de renombre, como Kim Whanki (1913-1974), Chang Uc-chin (1918-1990) y Chun Kyung-ja (1924-2015), entre otros. Escritos por Artistas La Galería 3, “Fellowship of Artists and Writers in the Modern Age”, se extiende hasta la década de 1950, y destaca las relaciones personales entre artis¬tas y escritores de la época. En el centro de su red personal estaba Kim Gi-rim, con conexiones más allá de sus contemporáneos, hasta artistas de la siguiente generación. Utilizando su profesión como periodista en su propio beneficio, Kim comenzó a descubrir nuevos artistas y a presentarlos al públi¬co en sus críticas, batuta que luego pasó a Kim Gwang-gyun (1914-1993), un poeta y empresa¬rio que realizó un papel similar, ofreciendo apoyo financiero a artistas talentosos. Así, no extraña que ciertas obras de esta galería sean de su colección personal. La única obra que hace pararse a todos los visi¬tantes para contemplarla es “Family of Poet Ku Sang”, de Lee Jung-seop (1916-1956). En esta pin¬tura de 1955, Lee mira a la familia de Ku con envi¬dia. Ante una angustia financiera extrema, Lee tuvo que separarse de su esposa y sus dos hijos duran¬te la guerra y enviarlos a Japón. Aunque esperaba reunirse con ellos tras vender sus pinturas, la única exposición privada que logró organizar no sirvió para reunir el dinero necesario. “Family of Poet Ku Sang” se exhibe en la Galería 3 con las cartas envia¬ das a Lee por su esposa japonesa, recordando la trá¬gica historia de su familia y la solitaria muerte del artista genio entre pobreza y enfermedad. La exposición culmina en la Galería 4, “Wri¬tings and Paintings by Literary Artists”, con seis artistas famosos, también talentos literarios. Entre ellos se encuentra Chang Uc-chin (1918-1990), quien atesoraba la belleza de las cosas simples y triviales; Park Ko-suk (1917-2002), cuyo amor por las montañas duraría toda su vida; y Chun Kyung-ja (1924-2015), que se hizo popular con su colorido estilo pictórico y sus cándidos ensayos personales. También adornan la sección cuatro obras puntillis¬tas de Kim Whanki (1913-1974). A medida que uno se acerca a estas pinturas y observa el microcosmos creado por los innumerables puntos que llenan el lienzo, los nombres de todos los artistas y los escri¬tores de la exposición vuelven a la mente. Parece que todos los talentos creativos que destacaron bri¬llando juntos en un período oscuro y sombrío de la historia coreana, hubieran podido reunirse por fin en un solo lugar. 2. “18-II-72 #221” de Kim Whanki. 1972. Óleo sobre lienzo. 49 × 145 cm. Colección privada. Kim Whanki, conocedor literario y próximo a muchos poetas, publicó ensayos ilustrados en varias revistas. Las pinturas lírico-abstractas de puntos del último período de Kim comenzaron a mediados de los ‘60, cuando estaba en Nueva York. Los primeros signos de este estilo figuran en las cartas que envió al poeta Kim Gwang-seop (1906-1977).

Lo mundano se vuelve abstracto

Art Review 2021 SPRING 156

Lo mundano se vuelve abstracto La artista de instalaciones Haegue Yang, internacionalmente activa desde sus bases en Berlín y Seúl, interpreta objetos domésticos cotidianos de formas diversas. Su última exposición en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo (MMCA) en Seúl destaca la continua expansión de su audacia, que desafía el género mientras reflexiona sobre nuevas cuestiones. Haegue Yang explora el potencial de objetos mundanos como tendederos para ropa, persianas venecianas y bombillas como motivos, con notable éxito. En una de sus obras fundamentales, “Salim” (en coreano “para hacer en casa”), presentada en el Pabellón de Corea para la Bienal de Venecia 2009, creó una cocina con marcos de acero, hilo y abanicos. Desde entonces, ha sido artista destacada en importantes exposiciones internacionales, como Documenta en Kassel, Alemania, o el Centro Pompidou de París. Las instalaciones multimedia de Yang generalmente son objetos domésticos estándar transformados en múltiples posibilidades, a menudo dispuestos en contraste con fondos de pantalla con diseño gráfico. Las imágenes desconectadas se entrelazan de forma compleja, y los críticos resaltan la dificultad de asimilar de una vez tan alta densidad de imagen. Lo abstruso caracteriza sus obras. Haegue Yang participó en la feria de arte inaugural Taipei Dangdai, en el centro de exposiciones de Taipei Nangang en enero de 2019. Mezclando variedad de medios como instalación, escultura, vídeo, fotografía y sonido, crea figuras históricas específicas u objetos cotidianos en lenguaje formativo abstracto. “Silo of Silence - Clicked Core”. 2017. Persianas venecianas, estructura de aluminio y acero cubierto de polvo, cable de acero, escenario giratorio, tubos LED. 1105 × 780 × 780 cm. KINDL - El Centro de Arte Contemporáneo de Berlín invita a un artista a presentar una obra en la sala de 20 metros de la Casa de Calderas cada año. Esta instalación de Hague Yang se exhibió desde septiembre de 2017 hasta mayo de 2018. Un objeto, varias interpretaciones Su última exposición en el Museo Nacional de Arte Moderno y Contemporáneo de Seúl, “MMCA Hyundai Motor Series 2020: Haegue Yang - O2 & H2O” (del 29 de septiembre de 2020 al 28 de febrero de 2021), no es una excepción. Los visitantes son recibidos por una pieza enorme, “Silo of Silence - Clicked Core”. Con título inescrutable, la instalación de 11 metros de altura toma forma de un gran móvil hecho de persianas venecianas y luminarias. Las persianas azul oscuro y negro giran en sus respectivas órbitas. Los visitantes pueden apreciar libremente la muestra desde lejos y desde abajo: su impresionante tamaño y sus colores se mueven a cámara lenta creando enigmáticas experiencias espaciales. Estas persianas venecianas son las mismas de la obra más famosa de Yang, la serie “Sol LeWitt Upside Down”, que puede verse en el interior de la sala de exposiciones. Sobre las persianas venecianas, Yang explica que algunos pueden percibirlas como material asiático y otras como occidental. Según la perspectiva individual, unos recordarán persianas de bambú asiáticas, y otros las asociarán con una oficina occidental. Otras obras de Yang denotan la misma intención de la artista: mostrar cómo un objeto puede adquirir diversos significados en diferentes contextos. “Ornamento y abstracción”, primera exposición individual de Yang en América Latina. Galería de arte kurimanzutto de la Ciudad de México en 2017. Obras: “ The Intermediate - UHHHHH Creature Extended W.” 2017. Paja artificial, estructura colgante de acero con recubrimiento de polvo, cable de acero, Neoseul, Bupo. 580 × 750 × 60 cm. Montañas de ojos grandes atadas con la lengua bajo los orbes solares y lunares – Fiable #315”, 2017. Sobres de seguridad, papel cuadriculado, papel origami y papel de lija sobre cartón, vinilo autoadhesivo. 11 partes. 86,2 × 86,2 cm; 57,2 × 57,2 cm; 29,2 × 29,2 cm. “Sol LeWitt Upside Down - K123456, expandido 1078 veces, duplicado y reflejado”, 2017. Persianas venecianas, estructura colgante de aluminio recubierta de polvo, cable de acero, tubos fluorescentes, cable. 878 × 563 × 1088 cm. Límites mixtos En la Galería 5 destaca un grupo de esculturas titulado “Sonic Domesticus”, creadas con paja artificial, cuerdas de plástico y campanas de bronce. Las campanas de latón que recubren la superficie dan una impresión inicial de exóticos organismos vivos. Pero poco a poco se van apre-ciando planchas, ratones de ordenador, secadores de pelo y ollas. Mientras con las persianas venecianas intenta marcar las diferencias entre Oriente y Occidente, aquí Yang parece sondear el límite entre los objetos animados e inanimados. Los secadores de pelo adoptan forma de cangrejo; dos ratones de computadora uno encima del otro semejan el cuerpo de un insecto, y los hierros se unen evocando un par de tijeras. Las piezas tienen ruedas y producen sonidos. Algunos pueden considerar familiar su estrategia si nos remontamos a los dadaístas un siglo atrás. Mucho antes de que Yang cruzara dos hierros para recordar unas tijeras, el artista visual Man Ray creó “Cadeau” en 1921, al ubicar una fila de clavos en un hierro para anular la función y el significado del objeto. Y yendo más atrás, el trabajo de Yang recuerda a “Foundation”, de Marcel Duchamp en 1917, quien llevó un urinario a un museo. Sin duda, en la actual escena artística internacional es marcada tendencia inspirarse libremente en ideas que se remontan a cualquier época de la historia del arte. Por ejemplo, Cecily Brown pinta piezas abstractas basadas en ideas de pinturas anteriores al siglo XIX, y David Hockney no tiene reparos en inspirarse en su ídolo Picasso. Esto puede naturalmente llevarnos a buscar la voz única de Yang al tomar prestadas ideas del arte conceptual. De explorar límites entre Oriente y Occidente, y entre objetos animados e inanimados, la artista avanza hasta cuestionarse la división entre lo real y lo virtual, y entre lo genuino y lo falso. “MMCA Hyundai Motor Series 2020: Haegue Yang - O2 & H2O”, del 29 de septiembre de 2020 al 28 de febrero de 2021. Yang mostró nuevas formas de arte como réplicas de su voz con inteligencia artificial y un collage digital en pancartas. (Izda.) “Clonación genuina”, 2020. AI (Typecast), voz de Haegue Yang, narradores. Dimensiones variables. Tecnología de Neosapience. (Dcha.) “Cinco sin hacer nada”, 2020. Tinta inyectada con agua sobre poliéster, globos publicitarios, ojales, cables de acero, hanji. Dimensiones variables. Gráficos de Yena Yoo. En esta serie Yang creó recipientes híbridos al unir o entrecruzar elementos mundanos como planchas, secadores de pelo, ratones de computadora y ollas. “Sonic Domesticus”, 2020. Estructura de acero inoxidable, malla y manijas cubiertos de polvo, ruedas, campanas de latón negro y plateado, campana roja de acero inoxidable, anillos de metal, cordel de plástico. Desde la izquierda: “Sonic Domesticus – Scissor Pressing”, 208 × 151 × 86 cm. “Sonic Domesticus – Blow-Dry Crawl.” 155 × 227 × 115 cm. “Sonic Domesticus – Clam Tongs.” 291 × 111 × 97 cm. “Sonic Domesticus – Pot Atop.” 224 × 176 × 122 cm. Realidad y abstracción Esa voz quizá sea más clara en una nueva forma de arte que Yang presenta en “Five Doing Un-Doing”, un collage de imágenes digitales en pancartas; o en “Genuine Cloning”, una colección de altavoces que emiten voz de IA. En sus propias palabras, “Five Doing Un-Doing” es una característica de los gráficos ruidosos y la tipografía exagerada similar a la propaganda política. Sus cinco estandartes contienen los nombres de los cinco elementos (madera, fuego, tierra, metal y agua) simbolizados por los colores que representan los puntos cardinales (azul, rojo, amarillo, blanco y negro). La parte inferior de las pancartas está adornada con parafernalia chamánica en forma de borla creada con papel tradicional coreano, hanji. Esta instalación en particular parece muy relevante para el título de la exposición, “O2 & H2O”. Yang explica que aprendió cómo el oxígeno y el agua, elementos omnipresentes de la vida cotidiana, se codifican como O2 y H2O, y ella abstrajo la realidad a su modo en cinco elementos. “Genuine Cloning” es una instalación de altavoces colgados entre los cinco carteles. Los altavoces reproducen la voz de Yang, clonada con tecnología de inteligencia artificial. De explorar límites entre Oriente y Occidente, y entre objetos animados e inanimados, la artista avanza hasta cuestionarse la división entre lo real y lo virtual, y entre lo genuino y lo falso. Entre Berlín y Seúl Nacida en Seúl en 1971, Yang se mudó a Frankfurt, Alemania, en 1994 y se graduó en la Städelschule, la Academia Estatal de Bellas Artes. Desde 2005 vive y trabaja en Berlín; en 2014, estableció otro estudio en Seúl y ahora viaja entre ambas ciudades. En 2018 saltó a los titulares al convertirse en la primera mujer asiática en recibir el Premio Wolfgang Hahn, dedicado a artistas contemporáneos. El año pasado, pese a la pandemia de coronavirus, las obras de Yang se exhibieron en muchas partes del mundo. Presentó seis esculturas dinámicas en una exposición titulada “Handles” (21 de octubre de 2019-28 de febrero de 2021), para conmemorar la reapertura del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York; y “Strange Attractors” (24 de octubre de 2020-26 de septiembre de 2021) en Tate St Ives en Cornwall, Inglaterra. La serie MMCA Hyundai Motors, que comenzó en 2014 con las esculturas e instalaciones de Lee Bul, es el evento anual del museo en apoyo de los principales artistas. Es la primera exposición individual de Yang en el MMCA.

Música de alcance global

Art Review 2020 AUTUMN 178

Música de alcance global Al agregar elementos contemporáneos a la música tradicional coreana, los jóvenes artistas están creando una nueva Ola coreana, claramente distinta al K-pop. Este creciente reconocimiento internacional deriva en gran parte del calibre de los maestros que actuaron en la escena mundial antes que ellos, y de los esfuerzos de los promotores entre bambalinas. Hace un tiempo, acompañé a un grupo de músicos para una actuación en el extranjero. Decidimos hacer un picnic al terminar el espectáculo. Era primavera y teníamos un día libre en el desierto. Todos estábamos relajados porque habíamos prometido “olvidar el arte por un día”. Tarareando internamente nos dirigimos a un arroyo “cool” y, nada más sumergir los pies en el agua, nos sorprendió gratamente lo caliente que estaba. Justo cuando estábamos disfrutando de estar en una región árabe, oímos un sonido rítmico al otro lado del arroyo. Miramos arriba y vimos unos niños tocando algo parecido a un timbal. Olvidando nuestra promesa de mantenernos alejados de la música durante un día, uno tras otro fuimos acercándonos a los chicos, y pronto cantábamos y bailábamos al son de su tambor. Solo sabíamos dos frases en árabe: “as-salamu alaikum” (la paz sea contigo) y “shukran” (gracias), pero eso fue suficiente para seguir hablando y riendo juntos. En la 8ª edición del Festival Internacional de Danza de Seúl en 2005, “Las perfectas y preciosas danzas de los virtuosos” fue presentada en CJ Towol Theatre del Seoul Arts Center, con seis bailarines veteranos mostrando la belleza y el poder de la danza tradicional coreana. De izquierda a derecha cuatro de ellos: Kim Su-ak (1926-2009), Kim Deok-myeong (1924-2015), Kang Seon-yeong (1925-2016) y Lee Mae-bang (1927-2015). © NewsBank Kim Hae-sook interpreta “Gayageum Sanjo” con el cuarteto de cuerda de la Universidad de Música Franz Liszt Weimar en el Festival Rudolstadt en julio de 2014. Fue la primera coreana en ser cabeza de cartel en dicho festival alemán internacional. © Jeonju International Sori Festival Maestros del escenario mundial “Las perfectas y preciosas danzas de los virtuosos” fue una actuación que en 2005 llevaron a cabo seis bailarines, con una edad promedio de 80 años. Reconocidos por su brillantez, los maestros bailaron melodías de otro grupo de talentosos músicos, sentados en larga hilera sobre una alfombra en el escenario. El espectáculo fue concebido por Jin Ok-sub, productor de representaciones artísticas tradicionales y actual presidente de la Fundación del Patrimonio Cultural de Corea, como parte de la octava edición del Festival Internacional de Danza de Seúl, también conocido como SIDance. Entre el público estaba Gisèle Depuccio, subdirectora del Festival de Danza de Montpellier. Decidió invitar a esos maestros a Francia un año después, para un espectáculo que se llamaría “Trésors Vivants” (“Tesoros vivientes”). Al marcar 2006 el 120º aniversario de relaciones diplomáticas entre Corea y Francia, el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo se mostró entusiasmado en cubrir los pasajes y el equipo de artistas e intérpretes, mientras que la sede del festival abonaría el alojamiento y otros costes. Habría dos representaciones, una en la Ópera Comédie de Montpellier y la otra en el Teatro Nacional de Danza e Imagen de Chateauvallon, en Toulon. Sin embargo, el tiempo no jugó a favor de los bailarines. En el transcurso del año siguiente algunos de ellos pusieron rumbo al cielo, con la falda de sus largas túnicas graciosamente ondeando tras ellos. El equipo logró subir al avión tras reemplazar a algunos integrantes, reduciendo ligeramente la edad promedio. Al terminar su actuación en la Opéra Comédie, en Montpellier Square, la platea del teatro desbordaba público que no quería volver a casa. El elenco estaba cansado, pero se sentía obligado a celebrar con la multitud. Noreum Machi, quien participó como instrumentista de apoyo, interpretó algunas piezas de madang nori (teatro tradicional al aire libre). Fue un evento de gala, y tanto los medios locales como Le Monde entrevistaron al granjero y bailarín Lee Yun-seok, quien, mientras estaba en casa, de vez en cuando dejaba de regar sus vides para salir a bailar entre los arrozales vacíos, antes de volver a su invernadero. Los corresponsales de la Agencia France-Presse (AFP) enviaban imágenes de la danza de la grulla de Kim Deok-myeong a la mesa de redacción, mientras que alguien del staff del teatro comentaba entre sollozos: “Creo que el baile salpuri (exorcismo) de Jang Geum-do habría consolado el alma de mi difunta madre”. “Gayageum Sanjo: École Choi Ok-Sam” producido por Ocora Radio France en 2012. Harmonia Mundi lanzó el álbum en más de 60 países, presentando la música instrumental sanjo al mundo. “Chant Arirang et Minyo”, lanzado por Ocora Radio France en 2014, contiene grabaciones de Lee Chun-hee, maestro de canciones populares de la región de Gyeonggi. Lee Chun-hee canta en un concierto de maestros músicos en abril de 2011 en el Palacio Deoksu, organizado por la Fundación del Patrimonio Cultural de Corea. © Agencia de Noticias Yonhap La banda de fusión de gugak Jambinai en el Palác Akropolis en Praga en abril de 2017. De frente, de izquierda a derecha: Kim Bo-mi al haegeum, Lee Il-woo a la guitarra y Shim Eun-yong al geomungo. Atrás, Yoo Byeong-gu al bajo. © Song Jun-ho Escena de “Danza de Corea del Norte” estrenada en 2018 por la Compañía Ahn Eun-me en Arko Arts Theatre de Seúl. Fue seleccionada como evento de temporada del Théâtre de la Ville de París en 2019, y también para la clausura del Festival Pays de Danses, en el Théâtre de Liège de Bélgica en febrero de 2020. © Gadja Productions Credibilidad internacional El sitio estadounidense de comercio electrónico Amazon ofrece álbumes de obras maestras que demandan los fans de la música folclórica tradicional coreana. En 2012, el prestigioso sello discográfico Ocora Radio France produjo ‘Corée: Gayageum Sanjo - École Choi Ok-sam’, con Kim Hae-sook interpretando la pieza de solo de gayageum. En tanto Maison des Cultures du Monde (World Cultures Institute) produjo los discos de otros dos instrumentistas, Kim Young-gil en el ajaeng y Lee Jae-hwa al geomungo, en 2012 y 2013, respectivamente. Esos álbumes recibieron excelentes reseñas de críticos británicos y alemanes, por tanto, no sería exagerado afirmar que la música de esos maestros cautivó el oído de una audiencia de nivel internacional. Ese mismo año, cuando el popular himno coreano “Arirang” fue inscrito en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, el maestro de Gyeonggi minyo (canción folclórica) Lee Chun-hee ofreció una actuación para celebrarlo en la sede de dicha entidad en París. Y en 2014, el Festival de l’Imaginaire, escenario de ensueño para muchos artistas coreanos, invitó a Lee a actuar en el espectáculo de apertura. Cuando largos años de arduo trabajo y entrenamiento dan sus frutos y te sitúan en la cima, parece que hasta el sonido de tu respiración se convierte en arte. Muchos jóvenes músicos talentosos morirían por una oportunidad que prácticamente cayó en el regazo de Lee. Sin embargo, no solo el talento los sitúa en los escenarios más codiciados del mundo. El promotor que también abrió las puertas del Festival Rudolstadt y al Festival du L’Imaginaire a los artistas coreanos, se negó humildemente a atribuirse el mérito. Solo dijo: “Estoy feliz al ver que maestros que han dedicado sus vidas al arte reciben todo el respeto”. Pero esos logros no hubieran sido posibles sin la credibilidad internacional generada, entre otros, por Kim Sun-kook, el único productor musical coreano de Radio France y CEO de Just Music & Publishing, Inc. La comunidad de la música coreana sigue impulsando talentos emergentes y, ante la pandemia de COVID-19, los agentes de la música mundial cuentan los días esperando que se pueda volar de nuevo. Artistas estrella Cada año tienen lugar numerosos eventos musicales en todo el mundo, y hace solo unos meses, preocupaba cómo apoyar todos los viajes de grupos nacionales programados para actuar en el extranjero. Gracias a los jóvenes artistas que han mantenido las tradiciones con un toque moderno, cada vez más músicos coreanos actúan en el extranjero, y muchos términos y expresiones musicales nativos coreanos son traducidos a diversos idiomas. La banda Jambinai, en particular, asombró a la industria de la música mundial al fusionar el gugak clásico (literalmente “música nacional”) con un rock similar al heavy metal. Reconocido “no como seguidor, sino como creador de tendencias”, este asombroso grupo pasa más tiempo en el extranjero que en casa. Usando estratégicamente los mercados minoristas de música, firmó un contrato con un famoso sello discográfico, dando a sus compañeros artistas y a la comunidad musical nacional una nueva perspectiva sobre el intercambio internacional. Tras el éxito de la banda, ahora otros músicos se asocian con expertos del sector para lograr establecer circuitos de alcance global. De los múltiples y variados géneros musicales que existen, las músicas del mundo “fusión gugak” son especialmente demandadas, y sus artistas tienen relativamente más oportunidades de poder actuar en el extranjero. Pero la artista coreana que la comunidad internacional recibe de brazos abiertos no es otra que Ahn Eun-me. Estudió danza tradicional coreana y prosiguió sus estudios en Nueva York, hasta que finalmente debutó como bailarina contemporánea. Sus actuaciones son una viva mezcla de vigorosos movimientos y espectaculares colores. Cada pieza tiene una historia, y ella siempre se acerca a la audiencia para comunicar su mensaje: “¡Seamos felices juntos, ahora!”. Probablemente, a causa de este mensaje el promotor francés Jean-Marie Chabot trabaja duro para que Ahn obtenga éxito internacional, pues Chabot afirma que ver actuar a Ahn consuela corazón y le hace feliz. Añadiendo elementos idiosincrásicos de la danza y la filosofía de Ahn Eun-me a la canción folclórica, Lee Hee-moon comenzó su carrera como alumno del cantante solista Lee Chun-hee. Este “Joseon Idol” ha creado sensación con su “música para ver”. Es un cantante que grita: “¡Juguemos!” al público, un actor impregnado de la fabulosa magnificencia que Ahn Eun-me muestra en escena. Con medias de rejilla, tacones altos, vestidos de lentejuelas y una peluca rosa, amarilla o azul, Lee lo da todo en el escenario y obtiene una ferviente respuesta de la audiencia. Como vocalista principal del grupo SsingSsing, cuando fue invitado al globalFEST 2017 en Nueva York, captó la atención por ser el único grupo asiático. Su actuación radicalmente innovadora le valió el apodo de “Lady Gaga de Minyo”, y la Radio Pública Nacional de Estados Unidos (NPR Tiny Desk) describió a SsingSsing como uno de sus principales descubrimientos del festival. En 2019, los integrantes del grupo se convirtieron en los primeros coreanos en actuar en Tiny Desk Concerts, cuyos vídeos han presentado a artistas como Adele y John Legend, mientras su actuación acumula más de cinco millones de visitas en YouTube hasta agosto de 2020. La cantante Lee Hee-moon (centro) formó el grupo de proyecto OBANGSINGWA (OBSG; que significa “Junto con los dioses de las cinco direcciones”) con el dúo de canciones folk NomNom y la banda Heosongsewol (“Waste Time”). Lee y Shin Seung-tae (izquierda) de NomNom eran miembros del grupo SsingSsing, que causaron sensación en 2019 en los Conciertos Tiny Desk de NPR en Washington, D.C. © Kwak Ki-gon Hacia el escenario digital La comunidad de la música coreana sigue impulsando talentos emergentes y, ante la pandemia de la COVID-19, los agentes de la música mundial cuentan los días esperando que se pueda volar de nuevo. La epidemia ha cambiado el mundo de la noche a la mañana, y nos lleva a preguntarnos a qué plataformas digitales deberíamos subir la buena música y los fascinantes bailes que queremos compartir con el público de todo el mundo. No tenemos los recursos financieros para competir con Netflix, ni la tecnología para impresionar a la nueva generación de medios que conforman la realidad extendida (XR). Tampoco se sabe cuánto tiempo el público esperará pacientemente a que vuelvan los conciertos en vivo. No obstante, deberíamos prestar atención a los artistas que han trabajado duro para promover Corea en el resto del mundo, y se aferran a sus micrófonos e instrumentos esperando cosechar fuertes aplausos, mientras continúan practicando horas y horas hasta el día en que puedan mostrar en pantalla sus presentaciones.

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