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2020 SPRING

Reportaje Especial

Vivienda actual:moradas de sueños y deseosReportaje Especial 2Pisos y casas de clase media

En su libro de 2003 La República de los apartamentos, la geógrafa francesa Valérie Gelézeau describe los complejos de apartamentos como símbolos dela “modernización comprimida” de Corea y como una “alianza a tres bandas entre el Gobierno, los chaebol y la clase media”. Estos omnipresentes edificios de pisos, homogéneos en diseño y estructura, son objeto tanto de deseocomo de desdén.

“Apgujeong-dong” (1978) por Jun Min-cho En esta foto de 1978 un agricultor ara su campo, una de las últimas parcelas de cultivo en Apgujeong-dong, al sur del río Han, en Seúl. En solo 10 años, el paisaje de la zona se transformó por completo, pasando de arrozales, huertos y colinas boscosas a una ciudad de lujo llamada Gangnam.© Jun Min-cho

Hubo un tiempo en que ver una radiante familia frente a un apartamento de 30 pyeong (unos cien metros cuadrados) y un coche de tamaño medio era una constante en los anuncios de las constructoras coreanas. ¿Cuáles eran esas familias felices que disfrutaban de la opulencia material derivada del rápido crecimiento económico del país? Para responder a esa pregunta, tenemos que retroceder en el tiempo al Seúl de mitad o finales de los 70, concretamente a Gangnam, una zona ubicada al sur del río Han.

El rápido desarrollo de esta zona transformó lo que eran tierras de cultivo en una moderna ciudad de grandes complejos de apartamentos construidos sobre plano de forma cuadriculada. Los ocupantes de estas nuevas viviendas conformaban una floreciente clase social, la de los trabajadores de “cuello blanco” (salary-man u oficinistas) nacidos durante la década de 1940, cuando la nación coreana se liberó del dominio japonés.

Durante su infancia experimentaron las atrocidades de la Guerra de Corea, fueron a la universidad en la década de 1960 y conformaban la fuerza de trabajo para la industrialización de Corea en la década de 1970.

Emerge la clase media

Esta cohorte atravesaba la treintena cuando comenzaron a construir complejos de apartamentos en el área de Gangnam. Mayormente procedían de otras regiones de Corea, tenían un puesto de trabajo estable, mantenían a su familia y esperaban comprar su primera casa. La política de oferta de vivienda del Gobierno les ofreció una oportunidad de oro para establecerse y empezar una nueva forma de vida en modernos apartamentos, en una zona recién construida. En la década de 1980 fueron bautizados como jungsancheung, literalmente “clase media”.

El sistema de precios adoptado por el Gobierno para los nuevos apartamentos por primera vez en 1977 jugó un papel crucial a la hora de permitir a estos nuevos residentes de Gangnam unirse a la clase media. Esa medida ha sido desechada y luego reintroducida repetidamente pero, en aquella época, por primera vez se implementó para facilitar una oferta masiva de viviendas a precio asequible y elevar la escasez de oferta. Aquellos que vencieron a la feroz competencia y adquirieron el derecho (bunyanggwon) a comprar uno de esos nuevos pisos pudieron adquirir una casa a precio inferior al del mercado, y posteriormente obtener un buen beneficio cuando el desarrollo urbano hizo subir los precios de las propiedades. A su vez, eso les permitió mudarse a un piso más grande. Así, la clase media creció hasta pasar a ser el pilar de la sociedad coreana a finales del siglo XX.

Pero no hay beneficio sin pérdida. La política sobre vivienda derivó en empresas constructoras copiando los planos de planta y los diseños de apartamentos ya existentes. Tenían pocos incentivos para hacer cambios, pues los precios habían sido fijados por el Estado y todos los pisos se vendían incluso sobre plano.

Los complejos residenciales de apartamentos a gran escala emergieron en los nuevos distritos de Seúl durante la década de 1980, y más tarde en la década de 1990 en ciudades planificadas como Bundang, Ilsan y Pyeongchon, que surgieron alrededor del área metropolitana de la capital. Esos complejos eran uniformes en cuanto a distribución y diseño. Apenas introdujeron ligeras modificaciones sobre los primeros apartamentos construidos en Gangnam en la década de 1970 por Korea Land & Housing Corporation y otras empresas de construcción privadas. Los planos de planta de los apartamentos de Gangnam sirvieron como prototipo y fueron copiados en masa para ofrecer un espacio habitacional homogéneo a la población en todo el país.

Nuevo estilo de vida

Vivir en pisos impulsó una transición hacia un estilo de vida que favorecía “sentarse en sillas”. Tradicionalmente, los coreanos se sentaban o se recostaban en el suelo, que se calentaba mediante un sistema de calefacción radial, llamado ondol. En vez de usar una cama, dormían en un colchón sobre el suelo. Incluso aquellos que vivían en casas de estilo occidental, con baño y cocina interior, comían y cenaban en una mesa baja, sentados en el suelo, y veían la televisión sentados o recostados en la zona más caliente de la casa. Así, la sala principal, donde cada familia veía junta la televisión, fue bautizada como el “teatro del hogar”. Pero los bloques de apartamentos que surgieron alrededor de Seúl precipitaron la expansión de un estilo de vida distinto, con sofás, escritorios, mesas de comedor y camas, que reemplazaron a los muebles antiguos de la sala de estar, la cocina y el dormitorio.

Este nuevo estilo de vida también introdujo cambios en la disposición de las habitaciones. Cuando la gente se sentaba en el suelo, era importante tener los objetos cotidianos al alcance de la mano, y las mesas pequeñas eran un elemento esencial del mobiliario para esa tarea.

Pero es fácil levantarse de una silla o un sofá y caminar unos pasos para obtener lo que se necesita. Así que, en un ambiente pensado para sentarse en sillas, colocar las cosas a cierta distancia del lugar para sentarse no suponía un gran inconveniente. Más importante que tener los objetos a mano, era ser capaz de localizarlos fácilmente. Para los que vivían en pisos, la visibilidad se convirtió en un elemento más importante en la disposición de los objetos. Cuando la gente se sentaba en el suelo gran parte del tiempo, generalmente los objetos se situaban por encima del nivel de los ojos, por lo que había que mirar hacia arriba. En cambio, cuando la gente comenzó a sentarse en sillas, los objetos se ubicaban a la altura de los ojos o a nivel inferior, así que había que mirar hacia abajo.

ípico salón de apartamento de finales de los 70 con un televisor, una mesa, unos sofás y una imagen en la pared. La foto muestra una sala de estar de Samho Apartments en Seocho-dong, Seúl, finalizados en 1978.© Museo de Historia de Seúl

Interior de un apartamento de reciente construcción con modernos muebles empotrados. La desregulación de los precios de nuevos apartamentos impulsó la competencia entre constructoras, pasando a crear viviendas más lujosas.© imagetoday

Cambiar hábitos de compra

Si los apartamentos de los nuevos distritos de Seúl en los 70 y los 80 provocaron una transición hacia un estilo de vida sentado en sillas, con los consiguientes cambios interiores, las nuevas ciudades del área metropolitana de la capital, con sus enormes complejos de apartamentos de alta densidad construidos en la década de los 90, impulsaron cambios en la forma de comprar de los coreanos. Hasta entonces, las amas de casa solían ir a pie hasta el mercado local o las tiendas del barrio a comprar comestibles para preparar la cena. Pero al llegar los hipermercados a esas nuevas ciudades trajeron una nueva experiencia. Para muchas familias, ir de compras a esos grandes minoristas se convirtió en una actividad de fin de semana, allí compraban artículos a granel a precios más bajos.

Pero esas compras a granel trajeron nuevos problemas. En primer lugar, sin coche, era prácticamente imposible llevar a casa todos los productos que abarrotaban un carro de la compra de 120 litros. En segundo lugar, en casa, haría falta un frigorífico más grande para almacenar todos los comestibles, alimentos congelados, fruta, bebida y otros productos. Impulsadas por esta creciente necesidad de automóviles y grandes frigoríficos, las industrias de automoción y de electrodomésticos vivieron un gran auge.

Atracción por espacios verdes

Jardín de un gran complejo de apartamentos en Ilsan New Town, al norte de Seúl. Parques con estanques, colinas en miniatura con cascadas y esculturas caras son elementos esenciales en los apartamentos de alta gama.© Cheonglam Landscape

A mediados de la década pasada, los constructores cambiaron su enfoque y pasaron del espacio interior al espacio exterior al reconstruir los antiguos complejos de apartamentos en Gangnam. Las zonas de aparcamiento, que antes ocupaban la mayor parte del espacio exterior de estos complejos, se ocultaron bajo tierra. Fueron sustituidas por lujosos espacios verdes con estanques, puentes, colinas artificiales, arroyos, áreas de descanso, piscinas para niños y senderos para caminar rodeados de plantas y árboles ornamentales. La idea era crear espacios al aire libre y comodidades que recrearan el aspecto y la sensación de un complejo vacacional donde los residentes pudieran relajarse de la vida cotidiana.

El auge del mercado de activos y la creciente polarización de ingresos en la primera década del siglo XXI fueron los principales impulsores de esta tendencia que trajo la desregulación del precio de los apartamentos. Al mismo tiempo, comenzaron a entrar en el mercado coreano marcas extranjeras de muebles y de decoración del hogar asequibles a todos los bolsillos, y rápidamente ganaron popularidad entre la gente joven que aún no había comprado una casa.

La clase media coreana del siglo XX, cuyo símbolo era tener un piso y un coche en propiedad, se desvanecía en la historia. No obstante, la política de oferta de vivienda del Gobierno obtuvo significativos resultados en el largo plazo: actualmente, los apartamentos suponen más del 60% de la vivienda total de Corea.

La política sobre vivienda derivó en empresas constructoras copiando los planos de planta y los diseños de apartamentos ya existentes.Tenían pocos incentivos para hacer cambios, pues los precios habían sido fijados por el Estado y todos los pisos se vendían incluso sobre plano.

Zona residencial en Sejong, una nueva ciudad administrativa multifuncional en la provincia de Chungcheong del Sur, densamente poblada de edificios de apartamentos de gran altura. Desde 2018, más del 60% de la oferta de vivienda del país son apartamentos, y la cifra aumenta cada año.© imagetoday

Mismo espacio, distintas vidas

Park Hae-cheon Profesor, Departamento de Diseño, Universidad de Dongyang

“Evergreen Tower” (2001), una serie de retratos familiares del artista fotográfico Jung Yeon-doo, muestra a 32 familias que viven en un mismo edificio de apartamentos en Seúl. ¿Cómo viven esas personas en espacios casi idénticos? ¿Qué intenta mostrar el artista?

 

Evergreen (o “Sangnok”) Tower, el escenario de esta serie de fotos, es un edificio de apartamentos terminado en 1996 en Gwangjang-dong, al sureste de Seúl, construido por POSCO para destinarlo a viviendas de alquiler para empleados que llamó la atención de la comunidad arquitectónica. A diferencia de los típicos edificios de apartamentos de hormigón armado, fue el primer edificio residencial con estructura de acero en Corea. La torre de 25 pisos también tenía un muro cortina de aluminio, otra tecnología nueva en la Corea de entonces. Sin embargo, las salas de estar de las fotos son muy similares a las de cualquier otro apartamento.

“Evergreen Tower” (2001), de Jung Yeon-doo Seis imágenes de una serie de 32 fotos© Jung Yeon-doo

Orden visual

Lo primero que llama la atención en estos apartamentos es cómo el diseño interior de cada sala de estar mantiene los elementos existentes cuando los inquilinos se mudaron. Las 32 casas tienen las mismas luces del techo y el mismo decorado. Es como si ninguno de los inquilinos hubiera cambiado los accesorios que instaló la constructora al terminar el edificio. Las diferencias las marcan las personas, los muebles y los artículos para el hogar.

Eso implica que todo lo que no se puede mover es exactamente igual en cada sala de estar, mientras que lo que sí puede moverse refleja una variedad considerable, mostrando claramente la personalidad de los ocupantes. Como los residentes no son propietarios de los apartamentos, tiene sentido que su esfuerzo por decorar se limite a muebles y objetos móviles. No obstante, pueden apreciarse indicios de un aspecto muy importante que comparten la mayoría de los apartamentos coreanos: el orden visual de la sala de estar.

Para esa tarea, repasamos un ensayo del crítico literario Kim Hyun (1942-1990) de finales de la década de 1970, titulado “Literature of Our Era: Thick Life and Thin Life”. Describe las particularidades del interior de los apartamentos, en base a su propia experiencia tras vivir en uno de los primeros complejos de bloques de Seúl con vistas al río Han, de la siguiente forma:
“En un apartamento, los objetos pierden su volumen y se funden en una imagen preexistente, como las líneas de un avión. Todo se distribuye en una superficie plana, y por tanto todo se muestra a la vez. No hay lugar para esconderse en un apartamento, ya sea una persona o un objeto. Todo está abierto, pero esa apertura, sin embargo, no expresa profundidad: es una apertura superficial”.

Por tanto, en el interior de un apartamento todo está inevitablemente expuesto, no hay lugar para esconder nada. Precisamente por eso, la mirada adquiere una fuerza omnisciente y todopoderosa, y el espacio donde esa fuerza alcanza su plenitud es la sala de estar. Sin resistencia, los objetos en la sala de estar quedan pasivamente inermes ante la mirada de cualquiera que entre por la puerta principal, y su identidad expuesta se convierte en “una imagen ya amortizada, como las líneas de un avión”.

Aquí destaca el papel de la ventana de la terraza, que ocupa una pared completa de la sala de estar. Al entrar en la sala de estar, la mirada se dirige automáticamente hacia esa ventana, fuente de iluminación para el interior. Pero el papel de la ventana no termina ahí. También sirve como una especie de “punto de fuga”, que muestra la sala de un vistazo. Las líneas rectas que se extienden desde los cuatro vértices de la ventana siguen los bordes de las paredes hasta seccionar el orden tridimensional de la mirada. Pero ese orden carece de profundidad: es superficial. En contraste con la función del punto de fuga, ese plano vacío genera horizontalidad.

Cada uno por su cuenta

El orden visual de la sala de estar así estructurado sufrió una transformación durante la década de 1980, cuando el salón fue redistribuido hasta convertirse en una especie de “cine en casa”. Hasta entonces, en estructuras residenciales previas, como las viviendas unifamiliares, los televisores generalmente estaban en el dormitorio principal. Pero a medida que el estilo de vida de sentarse en sillas en vez de en el suelo se hizo más común, la televisión pasó a la sala.

En sus fotografías, Jung Yeon-doo capta el orden evolutivo de la sala de estar del apartamento. Sobre un idéntico fondo, compuesto por las luces del techo y el papel tapizado, y una capa de muebles alineados en forma de “cine en casa”, cada foto contiene un estrato familiar con distintas poses. Esas tres capas parecen disponerse una sobre otra como imágenes de un libro desplegable.

Así, “una vez han perdido su volumen original”, esas tres capas se aplanan entre sí. Kim Hyun escribió una vez que los apartamentos “personificaban” la forma de pensar de la clase media coreana. Jung Yeon-doo complementa esa afirmación: aunque los coreanos intenten hacer que sus apartamentos sean diferentes, son el escenario de un “dulce hogar” que representa la identidad de formas no tan distintas. Son la puesta en escena de la felicidad.

Buenos recuerdos grabados

Lee In-kyu Editora de “Hi-Bye, Dunchon Apartments”

Una “chica de apartamento” nacida en Dunchon Jugong Apartments, al extremo sureste de Seúl, tras vivir allí durante 17 años y al ver que los apartamentos desaparecerían por el desarrollo y la remodelación, comenzó a documentar su “ciudad natal” para preservar la memoria del complejo.

 

Los apartamentos Dunchon Jugong, terminados en 1980, nacieron bajo la política de suministro de viviendas a gran escala del gobierno coreano (fueron construidos por la Corporación de Tierras y Viviendas de Corea, cuyo nombre abreviado es “Jugong”). Más de 100 bloques de apartamentos, todos de menos de 10 pisos de altura, se alineaban en una parcela de unos 150 acres, que la gente bautizó como “cajas de cerillas”. Pero realmente era un lugar hermoso.

Los bloques de apartamentos estaban bastante separados, y mediaba cierta extensión de jardín y pequeñas colinas entre ellos. Cuando paseaba por sus serpenteantes senderos, sentía como si caminara por un bosque. Las abuelas salían y, sentadas en sillas ubicadas a la entrada o en los bancos de los parques infantiles, charlaban todo el día. Era un barrio agradable y tranquilo.

Dunchon Jugong Apartments, terminados en 1980, sumaban 143 bloques y un total de 5.930 hogares. Los planes de reconstrucción del complejo se firmaron en 2017 y la demolición se completó antes de acabar 2019. En su lugar construyen una “mini ciudad” que albergará 10.032 hogares en 150 acres. Se completará en 2022.© Raya

Mi amada ciudad

Desde que eché a andar con mis pies pequeños y regordetes, subía y bajaba las escaleras del apartamento. Hice mis primeros amigos en el patio de nuestro bloque, y con esos amigos fui a la escuela de primaria ubicada dentro del complejo. Cuando volvía a casa de la escuela a diario, tiraba mi bolso en mi habitación y salía rápidamente. Corría bordeando el césped hasta el patio cerca de casa, y allí me quedaba hasta que mi madre asomaba la cabeza por la ventana del séptimo piso y me llamaba para cenar.

De vez en cuando visitaba la casa de algún amigo que vivía en un bloque en otra parte del complejo, y la vista desde la ventana del salón siempre era totalmente nueva para mí. Ese vasto complejo era como un patio de recreo gigante donde no importaba cuánto explorases, porque siempre hallabas lugares nunca antes vistos.

El paisaje del vecindario también cambiaba con las estaciones. En primavera, los cerezos de cornalina amarilla en la colina detrás de nuestra casa eran los primeros en florecer, mientras que las magnolias blancas y las rosadas flores de cerezo llegaban algo después. Un poco más tarde, era hora de agacharse entre la hierba a recoger artemisa con mi madre, que luego llevábamos a la tienda del molinero local para hacer fragantes pasteles de arroz verde, que compartíamos con nuestros vecinos.

Cuando hacía suficiente calor como para salir con solo una chaqueta ligera, florecían los árboles de lila y las acacias blancas, y todo el vecindario se impregnaba de su profundo aroma. En torno a esa época, podíamos escuchar el sonido de ranas croando a lo lejos, y en pleno verano surgían los chillidos de las cigarras. Cuando llegaba el otoño, ese paisaje sonoro era reemplazado por el canto de los grillos.

A medida que crecía y descubría el ciclo de las estaciones, los árboles - una vez pequeños y delgados- crecían junto a mí, marcando los años con sus anillos. Mi familia se mudó de casa cuando yo estaba en la escuela secundaria y cuando volví al vecindario por primera vez desde entonces, ya con 30 años, esos árboles eran grandes y frondosos, y llegaban hasta el quinto piso de los bloques de apartamentos.

1. Árbol del amor en plena floración al llegar la primavera (jardines de los apartamentos Dunchon Jugong).© Ryu Jun-yeol

2,3,4. Dunchon Jugong Apartments cambiaba de aspecto cada temporada, cuando las flores de sus distintos árboles brotaban a la vez. Abajo, una joven Lee In-kyu (de rojo), autora del artículo, juega con su hermano en el patio cubierto de nieve.© Lee In-kyu

Habitabilidad y rentabilidad

Mientras todo un bosque crecía dentro del complejo Dunchon, fuera de él surgían edificios por todas partes. Una vez Seúl quedó totalmente repleto, construyeron nuevas ciudades en todo su perímetro, ampliando la expansión urbana. Pero esa expansión solo provocó una mayor convergencia de cosas y personas en el área metropolitana. Posteriormente, tras la crisis financiera asiática de 1997, Corea fue arrastrada por el neoliberalismo y muchas cosas cambiaron. La gente quería su propia “gallina de los huevos de oro” y la remodelación de apartamentos se convirtió en la “llave mágica” para realizar ese sueño. La demolición de los viejos edificios de poca altura y la construcción de bloques de apartamentos mucho más altos en su lugar, indicaba que las empresas podrían obtener tanto beneficio como cantidad de hogares lograran acumular en una misma parcela de tierra.

Mi ciudad natal tampoco pudo evitar el curso de los acontecimientos. Se comenzó a hablar de reurbanización a principios de la década del 2000, unos 20 años después de la construcción del complejo, y en 2003 se creó un comité para impulsar la reconstrucción. Visto desde la perspectiva de la “habitabilidad”, el complejo Dunchon, con sus edificios bajos y sus grandes espacios abiertos entre bloques, era un lugar muy agradable para vivir. Pero desde el punto de vista de la “rentabilidad”, estas virtudes tenían otra lectura.

Al ser unos de los pocos complejos de apartamentos de baja densidad que quedaban en Seúl, la reurbanización del lugar prometía enormes beneficios. Una vez establecida la sociedad para la reconstrucción, el complejo comenzó rápidamente a mostrar signos de dejadez. En poco tiempo, los residentes dejaron de cuidar la apariencia de sus hogares y del vecindario. Y aunque la remodelación fue increíblemente lenta, continuó avanzando constantemente, paso a paso.

El último adiós

Cuando llegaron las señales de inminente remodelación, simplemente no podía creer que mi ciudad natal, el lugar que atesoraba todos los recuerdos de mi infancia, desaparecería sin dejar rastro. Y eso no me sucedía solo a mí: sentía como si todo el tiempo allí pasado, los preciados recuerdos allí cultivados, y hasta las relaciones de los que habían convivido allí, se evaporarían hasta quedar en nada. Antes de que eso ocurriera, ignorando si era inadecuado, quería crear algún tipo de registro. Entonces, en 2013, publiqué un libro y abrí una página de Facebook para comenzar un proyecto que bauticé como “Hi-Bye, Dunchon Jugong Apartments”.

Inesperadamente, muchos residentes, previos y actuales, que temían ser privados de ese lugar. El trabajo de documentar un vecindario que estaba a punto de desaparecer creció y continuó, y ahora abarca cuatro libros y el documental “Una larga despedida”.

En otoño de 2017, cuando casi todos los residentes ya se habían ido y la demolición estaba por comenzar, muchas de esas personas volvieron para despedirse. Dos años después, el vasto complejo desapareció y quedó extinto, como los dinosaurios.

Apartamentos de lujo

El estilo de vida moderno que se expandió en paralelo a la proliferación de bloques de apartamentos, cambió totalmente tras la crisis financiera asiática de 1997. El Gobierno decidió levantar la limitación de precios de nuevos apartamentos para rescatar a la tambaleante industria de la construcción, lo que a su vez estimuló a las empresas de construcción del sector privado a aventurarse en construir apartamentos de “lujo” más grandes. Estos complejos residenciales y comerciales de gran altura aparecieron por primera vez en Yongin, a las afueras de la zona metropolitana de la capital, y luego se extendieron a Daechi-dong en Gangnam, y a Jeongja-dong en Bundang. Con la remodelación de antiguos complejos de apartamentos en Gangnam, la tendencia “post-Gangnam” había comenzado.

El aumento en los precios de los apartamentos, impulsado por cambios estructurales en el mercado de activos, fue el catalizador para elevar a un nivel completamente distinto los espacios interiores. Las salas de estar y las cocinas se volvieron más espaciosas, los muebles empotrados se convirtieron en algo común, y llegaron acabados interiores más extravagantes. Aunque había preocupación por el uso de sustancias peligrosas como materiales de construcción, pues algunos provocaban el “síndrome de casa enferma”, asociado con problemas como dermatitis atópica, la tendencia no pudo frenarse. Frigoríficos de doble puerta, neveras para kimchi, lavadoras de carga frontal de estilo europeo y las islas de cocina llenaban cocinas de gran tamaño, mientras que muebles antiguos de estilo europeo de origen desconocido y cuadros de jóvenes artistas ocupaban rincones en salones y recibidores. A medida que la sala de estar se hacía más grande, también aumentaba el tamaño de la pantalla del televisor. Y la limpieza se dejó en manos de un robot aspirador.

En la cima de esa tendencia estaban los frigoríficos de gama alta. Tras el enorme éxito de los frigoríficos con diseños glamurosos creados por André Kim (1935-2010), un famoso diseñador de moda, los fabricantes de electrodomésticos de consumo sacaron a la venta productos similares, apodados como “electrodomésticos artísticos” o “electrodomésticos a la moda”. Estos aparatos estaban decorados con pedrería o cuero sintético, y se fabricaban en colaboración con diseñadores de vanguardia. De hecho, la famosa máxima del diseño moderno que predica “la forma sigue a la función”, en este caso fue reemplazada por “la forma sigue al precio de los pisos”.

Park Hae-cheonProfesor, Departamento de Diseño, Universidad de Dongyang

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