메인메뉴 바로가기본문으로 바로가기

Features > 상세화면

2018 SPRING

Fotografía en Corea :
disfrutar la libertad del lenguaje visual
REPORTAJE ESPECIAL 1 De afición importada a arte para todos

La fotografía llegó a finales del siglo XIX a Corea, donde provocó a la vez fascinación y miedo. En línea con el progreso económico, la nueva tecnología enriqueció la vida cultural de la nación y estimuló el desarrollo de otras industrias relacionadas. Hoy prácticamente cada persona es un fotógrafo y tomar instantáneas es una actividad habitual. Las generaciones jóvenes están más familiarizadas con la creación de imágenes que con la escritura.

“Vaivén de jóvenes”
Florian Demange, década de 1910. Placa de vidrio seco, 17.5 x 12.5 cm. © Jeong Seong-gil

“La primera cena”
Norbert Weber, OSB, 1911. Placa de vidrio seco.
© Benedict Press Waegwan 2012

“Soldados del Imperio Daehan entrenan a las afueras de laPuerta Geonchun del Palacio Gyeongbok” Fotógrafo desconocido, Sin fecha. Impresión en gelatina plateada,9.8 x 13.8 cm. © Salón de la Independencia de Corea

“Estudiantes bailan en la catedral de Nabawi”
Florian Demange, 1900. Placa de vidrio seco, 10 x 15 cm.

© Jeong Seong-gil

“Escuela de Gyemyeong”
Norbert Weber, OSB, 1911. Placa de vidrio seco.
© Benedict Press Waegwan 2012

Though memories may fade with time, photographs remain intact and take us back in time. That’s why people like to say, “All that remains are the photos.” Human desires to leave possessions behind, make a mark in the world and be fondly remembered concur with the characteristics of photographs. One hundred years ago, however, when photographs first arrived in Korea, people were not as well disposed to them as they are now.

The arrival came toward the end of the Joseon Dynasty, when only very few people in the country, such as foreign missionaries, owned a camera. For the vast majority, their first encounter with a camera was a foreigner suddenly pointing the lens of a mysterious black box at them. It was something to be feared. The thought of a person’s appearance being captured and frozen in time was terrifying and ominous. Rumors spread that “having your picture taken will rob you of your soul.”

On the other hand, for the wealthy upper class, photographs were gifts of a new civilization they were lucky enough to possess ahead of their time. Having one’s portrait taken became a symbol of opulence. Indeed, when Korea’s first commercial photo studio, Cheonyeondang (“Natural Studio”), opened in 1907 in Sogong-dong, right in the heart of Seoul, influential figures from the royal court, the wealthy and foreigners beat a path to the door. But another half century would pass before photographs became an everyday fixture among the general public.

“Patriotas sacados de la cárcel tras la liberación nacional”
fotógrafo desconocido, 1945. 20.3 x 25.4 cm. © Salón de la Independencia de Corea

The First Boom

“Busan”Choi Min-shik, 1965.
© Choi Yu-do. Fuente de la foto: Noonbit Publishing Co.

During the Japanese colonial period (1910-1945), cameras were high-end items, costing as much as an average house in Seoul. As such, it was thought to be the sole property of wealthy dilettantes. It was not until after the Korean War ended in 1953 that commercial photo studios began to appear and cameras spread among professional photographers such as photojournalists and shutter-happy amateurs who could afford them. It was around this time that an epochal event sparked a boom in photography.

In 1957, the art museum in Gyeongbok Palace hosted the international touring exhibition “The Family of Man.” It created quite a stir, attracting some 300,000 visitors. Curated by Edward Steichen, then director of the photography department at the Museum of Modern Art (MOMA) in New York, the exhibition displayed some 500 works on the theme of humanism, taken by photographers from around the world. The exhibition opened the eyes of Koreans to the role and value of photography as a new art form.

“Soldado enviado a Vietnam habla con su madre,Aeródromo de Yeouido”Shisei Kuwabara, 1965.
© Shisei Kuwabara. Fuente de la foto: Noonbit Publishing Co.

Los recuerdos pueden desaparecer con el tiempo, pero las fotografías permanecen intactas y nos transportan al pasado. Es por este motivo que la gente suele decir que “las fotos son todo lo que queda”. El ser humano alberga el deseo de dejar atrás las posesiones, grabar una huella en el mundo y ser recordado con cariño a través de las imágenes. Sin embargo, hace cien años, cuando la fotografía llegó a Corea, sus habitantes no tenían una predisposición positiva hacia este fenómeno como ocurre en la actualidad.

La llegada de este nuevo arte se produjo hacia el final de la dinastía Joseon, una época en la que muy pocas personas en el país, entre ellas los misioneros extranjeros, poseían una cámara. Para la gran mayoría de la gente, su primer encuentro con uno de estos aparatos fue de mano de un extranjero que de repente les apuntaba con la lente de una misteriosa caja negra. Era algo que inspiraba temor. La idea de que la apariencia de una persona fuera capturada y congelada en el tiempo era aterradora y siniestra. Se difundieron rumores que sugerían que “si te toman una foto te roban el alma”.

Por otro lado, para la adinerada clase alta las fotografías eran regalos procedentes de una nueva civilización, a los que tuvieron la suerte de acceder antes de tiempo. Tener un retrato propio se convirtió en un símbolo de opulencia. De hecho, cuando en 1907 abrió el primer estudio fotográfico comercial de Corea llamado Cheonyeondang (“Estudio natural”) en Sogong-dong, en pleno centro de Seúl, las figuras influyentes de la corte real, los ricos y los extranjeros se agolpaban a sus puertas. Sin embargo, aún pasaría otro medio siglo antes de que las fotografías se convirtieran en un elemento cotidiano entre la gente común.

spirado por esta exhibición, en 1963 el diario coreano Dong-A Ilbo creó el concurso de fotografía Dong-A para el público en general y al año siguiente se incluyó una categoría de fotografía en la Exposición Nacional de Arte. Gracias a esta muestra anual patrocinada por el Estado comenzó a cambiar de forma gradual la percepción

general de la fotografía. En el mismo año, la Universidad de Artes de Seorabeol instauró el primer departamento de fotografía en una institución de educación superior de Corea.La formación de fotógrafos profesionales, diferenciados de los aficionados, propició avances en este ámbito.

Dentro de la tendencia general del realismo que prevaleció durante las décadas de 1960 y 1970, muchas de las fotos más destacadas se centraron en las no élites. Estas incluían la serie “Humano” de Choi Min-shik, que inmortalizaba las vidas de la gente común; “El orfanato de Holt”, consistente en fotos de niños de doble raíz étnica de Joo Myung-duck; “Vistas del callejón trasero” de Kim Ki-chan, un reflejo de las vidas de las personas humildes que habitaban en los callejones de Seúl a lo largo de 30 años; “Pueblo natal”, una serie de Kim Nyung-man que se acercó al Movimiento de la Nueva Comunidad (Saemaul) y las vidas de la población rural; y “La casa de Yun-mi”, fotos biográficas de Jeon Mong-gag, que retrató a su hija desde el nacimiento hasta el matrimonio. De este modo los coreanos, que habían sido retratados por primera vez desde la perspectiva de fotógrafos extranjeros, llegaron a ser inmortalizados con las lentes de los fotógrafos nativos.

En aquel momento se puso de moda colgar fotos familiares en medio del salón o en la sala principal de la casa, al ser estos los lugares donde más destacaban las imágenes. Las fotos incluían bodas, banquetes de los 60 cumpleaños de los padres, celebraciones del día número 100 de vida de los bebés o graduados vestidos con toga y birrete. Cuando acudían visitantes se les enseñaba con orgullo el álbum de la familia para que lo miraran mientras compartían té y aperitivos. Sin embargo, hasta finales de la década de 1970 aún no era habitual para la mayoría de los ciudadanos posar frente a una cámara, a excepción de ocasiones especiales.

La inquietud y la intimidación que en otros tiempos sentían los coreanos cuando se encontraban frente a una cámara se han desvanecido y ahora posan con aplomo y confianza. Esto refleja el hecho de que, a medida que se han ido distanciando de la lengua escrita y hablada, han aprendido a disfrutar de la libertad del lenguaje visual

Íntimo y personal

En los años 1980 las cámaras se convirtieron en artículos de consumo. En esa década muchas universidades establecieron departamentos de fotografía. Al poco tiempo ya se graduaban cada año más de mil estudiantes de fotografía de unas 20 universidades. A mediados de la década de 1980 también comenzó a regresar al país la primera generación de fotógrafos que había estudiado en el extranjero. Esto coincidió con el fuerte crecimiento económico de Corea y la posterior expansión de la industria publicitaria. A medida que se disparaba la demanda de fotos para publicidad, los estudios fotográficos que trabajaban para este sector comenzaron a abrir uno tras otro en el área de Chungmuro en Seúl. Esto, a su vez, estimuló la demanda de fotógrafos profesionales, por lo que se ampliaron aún más los departamentos de fotografía en las universidades en un clima de creciente interés por parte del público en general.

El crecimiento económico no solo alimentó la demanda de fotos para anuncios corporativos, sino que también aumentó el número de personas con dinero disponible para gastar. El ejemplo más notable fue la fotografía de bodas. Con el uso de diversas estrategias de marketing, los estudios de fotografía de bodas han logrado generar nuevos deseos en la población.

En épocas anteriores la fotografía de bodas consistía en imágenes de la ceremonia en sí, pero en el siglo XXI se ha convertido en costumbre tomar una serie de instantáneas pre-boda de la pareja dentro de un estudio o en lugares pintorescos. Estas fotos ayudan a calmar los sentimientos de insatisfacción de una ceremonia de enlace que transcurre de forma apresurada en un salón de bodas comercial. Al margen de la percepción de que tales fotos constituyen el registro visual de una de las ocasiones más importantes en la vida, gran parte de la satisfacción parece hallarse en el hecho de vestir y posar como príncipe y princesa en un cuento de hadas, el novio con esmoquin y ella con vestido de novia blanco y puro.

La expansión de la fotografía de bodas llevó, curiosamente, a un posterior boom en las fotos de bebés. Las parejas jóvenes que se habían tomado fotos especiales en sus bodas comenzaron a representar de nuevo sus fantasías al comenzar a tener hijos. Hace algunas décadas, cuando llegaba el día número 100 de vida o el cumpleaños de un bebé, los padres se limitaban a acudir a un estudio de fotografía local y tomar una foto conmemorativa de su hijo vestido con un hanbok tradicional. Sin embargo, en los últimos tiempos los padres suelen recurrir a estudios especializados en bebés para tomar una serie de instantáneas, como si fuera la sesión fotográfica de una celebridad.

Algunos padres ni siquiera esperan al tradicional día número 100. Atraídos por las exitosas campañas de marketing, algunos bebés protagonizan este tipo de sesiones fotográficas en su día 50 de vida. Los niños expuestos a las cámaras a una edad tan temprana, comenzando por las imágenes de ultrasonido tomadas cuando aún están en el vientre de sus madres, se sienten cómodos por naturaleza con la avalancha de imágenes de la era de Internet.

“Sur y Norte de la mano, Panmunjom”
Kim Nyung-man, 1992. © Kim Nyung-man

“Escenas perdidas 135, Jamsil, distrito de Songpa”
Kim Ki-chan, 1983.© Choe Gyeong-ja. Fuente de la foto: Noonbit Publishing Co.

“Rito de la isla de Jeju, East Gimnyeong-ri”
Kim Soo-nam, 1981.© KIMSOONAM FOTO

“Reunión familiar”
Hong Sun-tae, 1983.© Hong Seong-hui

“Sin título”
de “Casa de Yun-mi” Kang Woon-gu, 1989.© Kang Woon-gu

“Sin título”
de “Casa de Yun-mi” Jeon Mong-gag, 1964.© Lee Mun-gang

The trepidation and intimidation once felt when facing a camera has vanished; Koreans now pose with poise and confidence. It brings home the fact that in diverging from written and spoken language, they have learned to enjoy the freedom of visual language.

Una imagen más oscura

En los primeros días de la fotografía en Corea, la actitud de evitar las cámaras respondía a la ignorancia de la gente. A excepción de las ocasiones especiales antes mencionadas, la aversión a situarse frente al objetivo continuó durante el siglo XX en ciertos sectores de la sociedad coreana. Las iniciales creencias erróneas sobre el robo de almas fueron reemplazadas por la inquietud social derivada de la constante agitación nacional. Las cicatrices de la Guerra de Corea, la agitación política de la posguerra y un sentimiento de victimización dentro de la resistencia a la dictadura militar y la lucha por la democratización fueron fenómenos que arrojaron sospechas sobre la fotografía.La ideología anticomunista originada en la división nacional dominó a la sociedad surcoreana en la segunda mitad del siglo XX. Los dictadores militares aprovecharon la excusa del anticomunismo para perpetuar la vigilancia y tomaron enérgicas medidas represivas contra los defensores de la democratización, lo que generó una atmósfera social de opresión, inseguridad y terror. En un entorno en el que la vida de cualquier ciudadano podía cambiar en un instante por dar un paso adelante en el momento equivocado, la gente hallaba refugio en la idea de que era mejor evitar sobresalir entre la multitud. El anonimato se consideró algo esencial para la supervivencia y, por ello, la función de la fotografía de captar evidencias desconcertaba a los ciudadanos cuando se veían delante de las cámaras de desconocidos en lugares públicos.El sentimiento de cautela hacia la fotografía se fue desvaneciendo cuando las décadas de dictaduras militares tocaron a su fin y en 1993 se eligió a un presidente civil mediante elecciones democráticas libres. Debido a esto, la primavera de la democratización también puede llamarse la primavera de la fotografía. En algunos aspectos, sin embargo, persiste cierto recelo hacia la fotografía. La división de la nación coreana entre Norte y Sur evita que éste se disipe por completo.

Un país de fotógrafos

Una pareja posa durante la sesión fotográfica de su boda. A diferencia de principios de la década de 1990, cuando comenzó el auge de la fotografía de bodas y la mayoría de las parejas tomaban sus fotos previas a la boda en exteriores, en estos días la preferencia son fotos de estudio, como en una sesión de moda. © Vienna Studio

Sin embargo, ha comenzado una era en la que todo el mundo puede considerarse fotógrafo. Las cámaras, que otrora fueron inaccesibles productos de lujo, han penetrado en todos los hogares, ya sea en forma de teléfonos móviles con cámara de alta resolución o cámaras réflex digitales (DSLR, por sus siglas en inglés). Se puede decir que hoy todo el mundo tiene una cámara. La fotografía, como lenguaje visual, se ha convertido en un medio que reemplaza al lenguaje escrito y hablado. Gracias a la tecnología de Internet, ha surgido una nueva generación que se siente más cómoda con las imágenes que con la escritura.

Hace una década más o menos, un artículo de prensa citaba una encuesta al afirmar que los licenciados en fotografía eran los maridos en potencia más populares para las coreanas. Las razones expuestas eran que la mayoría de los estudiantes de fotografía en las universidades provienen de familias ricas, los fotógrafos viajan mucho y el trabajo de fotografía permite a uno controlar su propio tiempo.

Una niña vestida como una modelo de revista posa para una sesión de fotos de estudio.Mientras que antiguamente los padres celebraban el día número 100 o el primer cumpleaños de su bebé solo con una foto conmemorativa de su hijo vestido con un hanbok tradicional, muchos padres jóvenes celebran el día 50 o el día 200 con fotos en un estudio especializado en imágenes de bebés. © Sarangbi Studio

En la misma época un profesor de fotografía me contó una historia interesante. En 1979, cuando confesaba a la gente su intención de estudiar fotografía en Estados Unidos, le preguntaban: “Lo único que hay que hacer es apretar un botón. ¿Por qué necesitas ir a Estados Unidos para estudiar fotografía?” Ahora esas mismas personas consideran que fue un visionario.

La fotografía está proliferando rápidamente. Se estima que hay varios millones de fotógrafos aficionados en el país, con cientos de concursos de fotos que estimulan su entusiasmo. Los ganadores de los premios reciben puntos, que suman hasta obtener la cualificación necesaria para pertenecer a la Sociedad de Artistas de Fotografía de Corea, una entidad que a día de hoy cuenta con unos 10.000 miembros. Además, para muchas personas jubiladas la fotografía se ha convertido en un popular pasatiempo, como el senderismo o la pesca.

Probablemente en este mismo momento una cantidad innumerable de personas están tomando fotos de algo en todos los rincones del país. Esta es sin duda una señal de que el pueblo coreano, reprimido durante casi un siglo debido al régimen colonial, la división nacional, la guerra y la dictadura militar, ahora ha encontrado la libertad y el disfrute en la vida. La inquietud y la intimidación que en otros tiempos sentían los coreanos cuando se encontraban frente a una cámara se han desvanecido y ahora posan con aplomo y confianza. Esto refleja el hecho de que, a medida que se han ido distanciando de la lengua escrita y hablada, han aprendido a disfrutar de la libertad del lenguaje visual.

“La Bella y la Bestia”
Koo Bohn-chang. De VOGUE Corea, diciembre de 2002. © Koo Bohn-chang

“DMZ”
Park Jong-woo, 2017. © Park Jong-woo

“Casa roja I # 007, 2005, Pyongyang”
Noh Sun-tag, 2005. © Noh Sun-tag

Plaza de Seúl frente al ayuntamiento repleta de “Diablos Rojos” animando al equipo nacional en el partido contra España de cuartos de final de la Copa Mundial de Corea/Japón, el 22 de junio de 2002.© Chosun Ilbo

Los ciudadanos protestan contra el mal gobierno de la presidenta Park Geun-hye en una concentración masiva a la luz de las velas, celebrada en la plaza Gwanghwamun en el centro de Seúl, el 19 de noviembre de 2016. © Agencia de Noticias Yonhap

Yoon Se-youngEditor ejecutivo, Monthly Photo Art

전체메뉴

전체메뉴 닫기